Mamá, ¿somos pobres?

Virginia Villaplana– Artículo de opinión

Mirar más allá es a veces una tarea necesaria para entender en profundidad un concepto. Sin embargo, vivimos rodeados de definiciones que pretenden simplificar la realidad, pero que a su vez están delimitando ese campo de mira que podría ayudarnos a encontrar soluciones.

Parémonos a observar el significado del término pobreza. Según la Real Academia de la Lengua, las dos primeras acepciones de pobreza son las siguientes: “1. Cualidad de pobre”,  “2. Falta o escasez”. Antes de leer las definiciones, pensamos inmediatamente en términos económicos. Es común formarse esa idea en la cultura occidental, pues el imperialismo del Mercado ha provocado que de padres a hijos sea transmitida la relación directamente proporcional entre riqueza y dinero, y a su vez, entre riqueza y felicidad. Pero habría que plantearse cuál sería la respuesta de una madre cuyo hijo le pregunta: “mamá, ¿somos pobres?”, mientras contemplan los frondosos cedros tropicales de la selva amazónica que enmarcan la ribera del inmenso río; escuchan los diversos sonidos de la fauna y respiran la húmeda atmósfera cargada de oxígeno. Si nos ponemos en su lugar, quizá la respuesta no sea la misma que si miramos desde los considerados países ricos.

El significado únicamente económico de la palabra pobreza es también establecido macroeconómicamente: un Estado deja de ser pobre si crece considerablemente su Producto Interior Bruto (un indicador medido en cantidad de bienes y servicios de un país). Incluso a escala global: la ONU establece esa primacía del dinero en el punto primero de Los Objetivos del Milenio. Define su primer objetivo de la siguiente manera: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Meta 1ª: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas con ingresos inferiores a 1 dólar por día.” Objetivos del milenio, ONU, 2000.  Sobre esta meta, la ONU admite que “La crisis económica mundial ha ralentizado el progreso, pero el mundo sigue en camino de satisfacer la meta de reducción de la pobreza”, lo que da signos de que probablemente en 2015 sea muy difícil haber cumplido el objetivo primordial. Y es que, si miramos desde los ojos de aquella madre del Amazonas, la pobreza no se limita únicamente a lo meramente económico. Y la ONU lo tiene en cuenta, por ello también incluye la metas medioambientales, pero las relega a un penúltimo puesto de los objetivos, y si es difícil cumplir la primera meta, la séptima está quedando en el abandono.

 Si nos ceñimos a la segunda acepción de la RAE, la pobreza también es “falta o escasez”, y ésta puede ser de muchas clases. De hecho, muchos defienden aquello de que “el dinero no da la felicidad”, o que “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. Pero independientemente de abstracciones como la felicidad, ¿qué hay de los recursos naturales que poseen algunos territorios que aun así son considerados pobres por los llamados desarrollados? ¿Tienen menor escasez quienes respiran aire contaminado, se alimentan de comida modificada, artificial e insalubre, acaban con la diversidad de especies vegetales y animales que habían convivido con ellos durante milenios, o exponen continuamente sus vidas y las de otros a los riesgos de la radioactividad? ¿Y qué decir de los valores de respeto y conservación que expresan algunos seres humanos hacia su hogar natural y hacia los seres vivos que en él habitan?, ¿acaso eso no les hace más ricos?

 El hombre que se auto-describe como desarrollado ha olvidado por qué está en el mundo. El antropocentrismo que caracterizó al período Renacentista se ha convertido en un antropocentrismo extremista en el día de hoy, y el ser humano de los países desarrollados se ha coronado como el Rey del Universo, aunque no se da cuenta de que ha dejado abandonado aquello que en realidad debería ser considerado fuente de riqueza: el medio donde vive, y al que nunca ha dejado de necesitar para la subsistencia. Sí, ahora vive un planeta globalizado y es consciente de la interconexión de cada rincón del Planeta, pero el hombre desarrollado utiliza esa interconexión para ampliar su imperio de autodestrucción hacia otros territorios que aún mantenían su propio concepto de hogar y de vida.

Está claro que dentro del sistema en el que vivimos, la importancia del dinero es clave para la subsistencia y la comodidad de vida, y por ello debemos seguir investigando en modelos y soluciones desde el lado económico. Pero esas soluciones deberían ir de la mano del respeto por el hogar donde vivimos, y los recursos naturales con los que convivimos (y que no poseemos, como se suele pensar). Por tanto, en este contexto de crisis económica, quizá haya llegado el momento de replantearse el camino para solucionar la pobreza, pero esta vez mirando el sentido amplio de la palabra.

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