Revolviendo en la basura

Sara Ramos

Todos sabemos en qué consiste el reciclaje, pero, ¿sabemos cómo se recicla? Y, sobre todo, ¿sabemos quién recicla?

Una pequeña cantidad de lo que los consumidores pagan al adquirir un producto se destina a su reciclaje; esa cantidad la recibe el fabricante que es quien ha de ocuparse de ello. Normalmente no son las propias empresas las que lo hacen (aunque algunas de ellas, como IBM, sí), sino que delegan en los Sistemas Integrados de Gestión (SIG, que son asociaciones de varios fabricantes). Algunos de los SIG más famosos en España son Ecoembes (los famosos contenedores amarillos son suyos), Tragamóvil o Ambilamp, entre otros; y se dedican al reciclaje de envases, móviles y bombillas, respectivamente.

Según el Artículo 8 de la Ley 11/1997, de 24 de abril, de envases y residuos de envases estas empresas han de constituirse sin ánimo de lucro, es decir, todo el dinero que reciban -aquel que se le ha cobrado a los consumidores previamente -han de gastarlo en el reciclaje de los productos.

Artículo 8 Autorización
1. La autorización de los sistemas integrados de gestión de residuos de envases y envases usados contendrá, al menos, las siguientes determinaciones, que deberán haber sido puestas de manifiesto por los agentes económicos en su solicitud de autorización:
  • Identificación y domicilio de la entidad, que deberá tener personalidad jurídica propia y constituirse sin ánimo de lucro, a la que se le asigne la gestión del sistema.[…]

Y este es el quid de la cuestión: ¿ocurre realmente así?. La respuesta es fácil: no. Muchos de los grandes SIG obtienen muchos excedentes. Veamos un claro ejemplo de 2008 que refleje la situación: según el Ministerio de Industria, los tres primeros trimestres se pusieron en el mercado español cerca de 30 millones de lámparas fluorescentes. El consumidor paga 30 céntimos por cada bombilla, así que Ambilamp recibió de los fabricantes ese precio por cada una de las bombillas. ¿En total? Más de ocho millones de euros en tres meses.

Según la web de Ambilamp, se reciclaron en ese periodos mil toneladas de fluorescentes, con un coste estimado de 1.900.000 euros (es decir, aproximadamente cinco millones de lámparas). El resultado, es que dicho SIG obtuvo 6,7 millones de euros en beneficios en tan solo tres meses. Y no es la única que obtiene unos beneficos astronómicos: Signus o el conocido Ecoembes también han destinado dinero a fines que no eran el reciclaje. Si, las mismas empresa que acabamos de decir que constituye una organización sin ánimo de lucro.

Una de las principales razones que haya tantos excedentes es que en España se recicla poco y mal. Es cierto que el reciclaje de embases de plástico cada vez está más extendido y el de papel, sobre todo entre los jóvenes estudiantes, también, pero aún así la cantidad que se recicla es ínfima en comparación con la que se utiliza.

¿Hay alternativas?

La principal alternativa al modo instaurado de los SIG es el conocido como Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) y está implantado en más de 40 países entre los que se encuentran estados tan diferenciados como Perú y Alemania. Este sistema implica que el consumidor, además de abonar el precio del producto, también paga un pequeño valor económico que le será devuelto cuando devuelva los envases. Este sistema se desarrolla a dos niveles. Los consumidores pagan el depósito a los comercios y éstos a los productores que, a su vez, se lo entregan al operador de sistema; a la hora de devolverlo, se invierte el proceso.

Retorna es el principal impulsor de este proyecto en España y está apoyado por grandes organizaciones como Greenpeace, Global Nature, Amigos de la Tierra o CEPA, entre otros muchos y cuenta también con el soporte de Comisiones Obreras.

Una de sus últimas iniciativas ha sido llevada a cabo en el pueblo catalán de Cadaqués y consistió en una simulación para comprobar la efectividad del sistema SDDR en España. Esta prueba piloto consistió en que durante más de dos meses los habitantes del pueblo convivieron con el nuevo modelo, dando pequeños depósitos (por ejemplo, con una botella de plástico de menos de tres litros se dejaban cinco céntimos). No obstante ambos sistemas convivieron: el contenedor amarillo siguió llenándose con todos los residuos salvo con aquellos que fuesen de bebidas. El resultado fue positivo, ya que se devolvió el 76.66% de las ventas totales y el 85% de los habitantes prefieren ese sistema al SIG.

Por último el vídeo que se muestra a continuación fue hecho por Retornapara mostrar las diferencias entre el actual SIG y el SDDR

 

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