Radiografía social a través de Banksy

Alberto Valdés.

Hablar de Banksy es sinónimo de polémica. Hasta aquí, seguramente estemos todos de acuerdo, si no es así, no tengo nada que ofreceros, es más, ni continuéis leyendo, todo lo que viene a continuación es un breve análisis de su obra más gráficamente explícita a través del uso de la naturaleza. Una suerte de arte conceptual que retrata de manera sutil los aspectos más controvertidos de la “sociedad de la tecnología” en la que vivimos inmersos. (Aunque intentemos constantemente convencernos que no miramos tanto el “whatssap” como nuestro amigo X)

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El trabajo de Banksy no comprende solo la realización de graffitis en las calles de las ciudades más importantes del mundo, su obra no se limita al “bombardeo” clásico, va más allá de los tags, piezas y pompas, explorando cada vez más ámbitos de creación, desde la escultura, el vídeo arte, la performance o la pintura. Con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en una suerte de Da Vinci moderno, capaz de conjugar todos los aspectos creativos que tiene a su alcance.

Merecen especial atención las interpretaciones que ha realizado de cuadros naturalistas, a los que ha añadido elementos tecnológicos o personalidades históricas descontextualizados, aplicando los principios teóricos con los que Duchamp revolucionó el mundo del arte. Cámaras de vigilancia en medio de un bosque, Hitler contemplando un lago, un miembro del Ku Kux Klan ahorcado en medio de un paisaje bucólico o un preso, con el uniforme naranja característico de Guantánamo, con la cara tapada y atado, en un precioso atardecer en la playa.

Con el paso del tiempo, el vándalo callejero ha sobrepasado fronteras y caricaturizado un mundo en decadencia en el que el loco es el rey, y los principios éticos que rigieron nuestro desarrollo evolutivo como civilización, impregnados en nuestra condición humana según subraya el pensamiento aristotélico, han quebrado ante el triunfo de la tecnología y la sociedad de consumo. Una obra que hace las veces de espejo ante el que mirarnos, buscando nuestra atención en las calles, a través de grandes murales, o en los museos, en los que se cuela y cuelga sus obras.

Y es que, si bien Banksy ya ha demostrado ser capaz de ridiculizar a los círculos de arte más esnobs y elitistas, sus creaciones merecen ser puestas en perspectiva y analizadas desde el punto de vista del uso que hace del lenguaje como metáfora crítica, mostrándonos constantemente imágenes, o recreaciones en vivo, mediante las cuales representa realidades actuales llevadas a su máxima expresión, a una exageración que hace las funciones de advertencia.

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