Universitarios ecologistas: una especie en peligro de extinción

Virginia Villaplana

En las universidades púbicas de Madrid cada vez es menor el número de asociaciones ecologistas. Solo cinco de las 300 asociaciones formadas en la UAM, UCM, UC3M y la UPM se ocupan exclusivamente de la materia medioambiental. Y en especial, entre las 45 asociaciones de la Universidad Carlos III, las creadas para la defensa del ecologismo brillan por su ausencia. ¿Acaso se ha perdido la preocupación por el medio ambiente entre los estudiantes universitarios?

Esta cuestión fue el tema a tratar el pasado martes en la mesa redonda: “Ecologismo en la universidad. Antecedentes y perspectivas de futuro”, acto co-organizado por EQUO Universidades Madrid y la Fundación EQUO. Justamente, se escogió la universidad con cero asociaciones ecologistas para llevar a cinco voces verdes: Inmaculada Torres Cachinero, de Greenpeace España; Alberto Fernández Lop, de WWF España; Nerea Ramírez Piris, coordinadora de Ecologistas en Acción; Juan Carlos Atienza, director de conservación de SEO/BirdLife, y Alejandro Sánchez Pérez, director de la Fundación EQUO.

De derecha a izquierda, según la descripción del párrafo anterior.

De derecha a izquierda, según la descripción del párrafo anterior.

No fue de extrañar, por tanto, que los contertulios casi superasen en número a los diez escasos alumnos que estuvieron presentes aquella tarde en el aula de Getafe. Y tampoco resultó extraño que una de las primeras frases del representante de WWF fuese “La universidad refleja la sociedad que tenemos fuera”. Pero entonces puede surgir la duda de si es que no existe esa conciencia ecologista entre los jóvenes, o existe pero no hay tiempo de materializarla en una asociación. Nerea Ramírez explicó las grandes dificultades que tenía para hacer cosas con estudiantes de la Universidad Autónoma por falta de constancia. “Cuando no se van de Erasmus, tienen que estudiar, y si no, es porque llega el verano y se marchan…”.

ANTECEDENTES

Durante los años 80, las universidades fueron la cuna de las principales organizaciones ecologistas. Los líderes del futuro nacerían de asociaciones universitarias. Ya en el Tratado de Río se hizo hincapié en la importancia del papel de las universidades en el discurso ecologista. El miembro de SEO/BirdLife extrapoló aquí la frase de Arquímedes: Dadme una palanca y un punto de apoyo, y moveré el mundo, “en este caso, la palanca son las organizaciones ecologistas, pero éstas necesitan apoyarse en un punto de apoyo, que es la universidad.” Para Juan Carlos Atienza, la universidad por un lado tiene la capacidad de recopilar toda la información desde las investigaciones, y además, tiene la responsabilidad de formar a la sociedad. “Siempre tiene más responsabilidad quien más formación tiene”, decía.

Un primer inconveniente defendido en general, era la tradición ecologista por parte, únicamente, de las ramas de ciencias naturales, y la falta de preocupación por este ámbito por parte de las demás ramas, cuando en realidad el futuro del Planeta es un tema que debería englobar todos los saberes. “Ahora, la economía engloba los límites del planeta; o por ejemplo, en una manifestación, a la frase porque violan los derechos humanos se añade: y los de la Tierra”, decía la representante de EEA.

También hablaron sobre el problema de la reposición. Es positivo que lleguen nuevos estudiantes porque de esta manera siempre hay nuevas ideas y se amplía el grupo, pero a su vez, se mencionaba la necesidad de crear núcleos de cátedra, profesores que motiven a los alumnos y que mantengan una unidad en el grupo. No obstante, en los años 80 también se reponían los alumnos y aun así, las asociaciones fraguaban. Así que, tal vez habría que buscar otras causas del problema.

“Quizá ahora se tomen más en serio la universidad por las menores oportunidades laborales que encuentran fuera los estudiantes”, decía Alberto Fernández Lop. La coordinadora de Ecologistas en Acción, que había llevado a cabo la revisión de los libros de texto y documentos oficiales de las universidades, mostró a través de su conclusión acerca del Plan Bolonia una posible causa de la inactividad de los jóvenes en la actualidad: “Sí, todos esos documentos dicen que el desarrollo sostenible es muy bonito, pero en realidad solo se habla de responder al mercado, hasta el punto en que el Plan Bolonia defiende que las investigaciones universitarias solo tienen valor si pueden llegar a satisfacer al mercado”.

PERSPECTIVAS DE FUTURO

Inmaculada Torres, de Greenpeace, proponía recuperar los tiempos pasados de asociación ecologista en las universidades, y traerlos al presente, donde los nativos digitales podían brindar grandes oportunidades al ecologismo. Además, hizo hincapié en la riqueza que podrían aportar ramas de lo social al pensamiento ecologista.

El representante de WWF, por el contrario, veía en las Redes Sociales un obstáculo para la parte humana que precisa una organización. “El cara a cara, compartir momentos, la presencia física en la universidad…es fundamental”.

En cuanto al proceso de privatización de centros educativos, los ponentes ven un futuro asociacionista aún más complejo de lo que es, pues sería más difícil llegar a los universitarios.

Sin embargo, Alejandro Sánchez, de EQUO, insistió en la necesidad de hacer grupos universitarios por las facilidades que se pueden encontrar en las facultades (aulas disponibles, profesorado desmotivado pero dispuesto a participar y una cantera inagotable de jóvenes cuya edad les pide la participación).

CONCLUSIONES GENERALES

Tras la puesta en común de comunes y enfrentados puntos de vista, y después de las preguntas y activas propuestas de los asistentes, se pudieron poner sobre la mesa las siguientes conclusiones:

  •  Necesidad de hacer red con otras universidades.
  •  Búsqueda de un punto de apoyo en el profesorado.
  • Enriquecimiento del ecologismo mediante la unión de diferentes ramas del saber.
  • Posibilidad de conseguir metas con poca gente y gran dedicación (como está ocurriendo con los pequeños grupos de EEA).

Pese a la escasa asistencia al acto, la intención de crear una asociación ecologista interuniversitaria ya está manos a la obra, y puede que con gran éxito, pues las conciencias ecologistas son más de las aparentes. El siguiente paso es que se unan.

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