Cambio climático: Recesión mundial

Andrés Stumpf

El cambio climático es un fenómeno bien conocido por todos, pero que no acaba de estar presente entre las preocupaciones de los ciudadanos, y mucho menos entre las de la mayoría de los políticos o empresas. A pesar de su gravedad, se tiene por algo abstracto, algo tan a largo plazo que aún no requiere que se tomen medidas drásticas.

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El principal motivo de que esto suceda es que mitigar el impacto de las actividades económicas tiene un coste para las empresas y muchas de ellas no están dispuestas a pagarlo, dado que no consideran el cambio climático una amenaza económica real. Pues bien, ya sí lo es.

Numerosos expertos señalan que el cambio climático tiene un coste mundial de aproximadamente 125.000 millones de dólares anuales y, si la tendencia no cambia, en los próximos veinte años podríamos estar hablando de una recesión global de hasta el 20% del PIB mundial, unos 14 trillones de dólares (casi el total de la economía de Estados Unidos) según el Banco Mundial.

Desde que en 2006 se le encomendase por primera vez un análisis del impacto del cambio climático a un economista, Sir Nicholas Stern, son muchos los estudios que están sacando datos semejantes a la luz. El último, realizado en Septiembre por el Panel Intergubernamental sobre cambio climático (IPCC, siglas en inlgés), remarca el hombre es el causante del cambio climático continuado en un 95% del total. Asimismo, desde el Foro Humanitario Global, dirigido por Kofi Annan, se sostiene que serán los países en vías de desarrollo los grandes damnificados en el aspecto económico, aún siendo los que menos contribuyen al proceso del cambio climático.

La importancia de estos análisis radica más en el hecho de materializar los peligros de lo que acontecerá, que en describir un proceso ya profundamente estudiado. Como sostenía recientemente para la CNN, James Allan, director de medio ambiente de Maplecroft (importante firma de analistas de riesgos mundiales): “Enmarcar los riesgos en términos económicos dificulta el ignorar el problema, especialmente para los negocios y tal vez provoque una mejor planificación de la prevención… Nada incita más rápido a la acción corporativa o política que el tener que lidiar con las consecuencias de un evento climático extremo”.

Las consecuencias económicas son innegables, pero también es conocido el desembolso necesario poner en marcha una solución. Ya el informe Stern estimaba el gasto de una reducción del impacto del cambio climático en un 1% del PIB mundial, algo costoso, pero  perfectamente asumible en comparación con la alternativa.

El principal problema radica en que este esfuerzo tendría que partir de los países desarrollados, algo reticentes a realizar inversiones estructurales; mientras que, de no hacer nada, serían los más pobres los que sufrirían la mayor parte de estas terribles consecuencias.

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