La Gran Barrera de Coral víctima del cambio climático

Laura Sáez

El aumento de las temperaturas y la acidificación de los océanos amenaza a todas las barreras de coral del mundo. Pero la Gran Barrera de Coral australiana, la más famosa de las estructuras coralinas, se enfrenta a más peligros que ninguna otra.

A lo largo de los años, el Gran Arrecife de Coral, el único ser vivo visible desde la luna, ha demostrado una gran capacidad para adaptarse a los cambios del planeta. Sin embargo, la celeridad con la que se está produciendo, en gran medida por las actuaciones de los humanos, supone un gran reto para su supervivencia.

En los últimos 27 años, el arrecife se ha reducido a la mitad y, si esta tendencia sigue, en la próxima década volverá a verse reducido a la mitad. Los corales tienen un curioso sistema de regeneración, que se produce en una única semana de la primavera. Entre dos y seis días después de la luna llena, todos los corales desovan a la vez. Aunque esto facilita su supervivencia, no es suficiente. Las elevadas temperaturas de las aguas en verano (dos grados más de lo habitual) impiden que los corales alberguen en sus estructuras a los protozoos unicelulares que les dotan de color, y sin los cuales, a la larga, serán un mero esqueleto calcino.

Este aumento de las temperaturas supone, también, que la vida en la superficie en la época estival, cuando nacen las crías de las aves, sea un calvario. Siendo una zona sin vegetación alta, las aves tienen que ingeniárselas para no morir víctimas del calor. Por suerte para ellas, cuentan con la protección de la UNESCO, pues en 1981 todo el arrecife fue declarado patrimonio de la humanidad. Aunque esta protección no la tienen cuando migran, lo que hace que algunos de los ejemplares no puedan volver, lo que supone menos alimento para otras especies.

Los ciclones son otra consecuencia del aumento de las temperaturas y la humedad, y la devastación de la zona es tal que no consigue recuperarse en su totalidad. El más fuerte tuvo lugar en 2011, el ciclón Jessica, con unas consecuencias ambientales y humanas irreparables.

En Brisbane, la capital del estado de Queensland, los ciudadanos son conscientes de que si la temperatura aumenta dos grados más, el arrecife no lo superará. Por ello, han adoptado un modo de vida más sostenible. Sin embargo, este ecosistema equivalente a la selva amazónica se ve afectado por los cambios que ocurren en todo el mundo. Todos nosotros, con independencia de nuestra lejanía, estamos vinculados con su futuro. De todos nosotros depende la conservación del planeta.

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