Ecología política, hacia una vida más sostenible

Laura Sáez y Andrés Stumpf

En un momento en el que el capitalismo se desmorona y cae por su propio peso, las políticas alternativas cobran una relevante fuerza entre los ciudadanos. Este momento es su oportunidad perfecta para decir “eh, lo estábamos haciendo muy mal, pero ahora podemos hacerlo muy bien”.

Y eso hizo ayer Florent Marcellesi en la Universidad Carlos III de Madrid, hablar de propuestas ecológicas a la situación de crisis actual, y en concreto de empleo verde y reparto del empleo. En una conferencia muy cercana y amena, el activista e investigador puso sobre la mesa opciones para salir de “este callejón sin salida”. La clave es que no todos los trabajos son válidos, y hay que evitar de aquellos que son insostenibles e injustos.

Pero, ¿cuáles son esos empleos válidos? Aquellos que son verdes y que general un valor ecológico o social. Para saber esto, necesitamos calcular la tasa de retorno social, es decir, por cada euro que invertimos en una persona, ¿cuántos euros recupera la sociedad a nivel ecológico y social? Y, así, por ejemplo, los banqueros (generalmente hombres), por cada euro no crean valor, sino que destruyen entre veinte y cincuenta euros, mientras que las personas que limpian en el hospital (generalmente mujeres), crean entre cinco y diez euros.

Por ello debemos plantearnos cuáles son los buenos empleos para la sociedad y cuáles no. Sin embargo, rechazar las industrias marrones (como lo son, por ejemplo, la automovilística o el turismo masivo) no es suficiente, y se hace necesario repartir el trabajo.

De este modo se protegería el planeta, se conseguiría mayor justicia social y se podría tener prosperidad sin crecimiento. Este último punto ha generado gran controversia en el turno de preguntas y, de nuevo, la solución la hayamos en el reparto, esta vez de los recursos. Y otra vez nos metemos en un tema escabroso, porque para que esto sea posible necesitamos cambiar la mentalidad de la sociedad y desprendernos de nuestro apego a los bienes materiales.

Otra cuestión que ha despertado cierta controversia es la reducción de la jornada laboral. Aunque esto tiene lecturas claramente positivas, como que al tener más tiempo podemos llevar un modo de vida más sostenible, a la gente en general le preocupa que si su jornada se ve reducida a la mitad, su sueldo se vea reducido a la mitad. La solución a este problema es subir los salarios más bajos (renta básica de la ciudadanía) y bajar los más elevados (renta máxima). Así, las diferencias entre un sueldo y otro serían aceptables, llegando a una sociedad más justa y sostenible.

Sin embargo, el principal problema es la falta de voluntad política. Por ello, es necesaria la democracia, para repensar todas nuestras necesidades. Gracias a esa reducción de la jornada laboral y, por ende, aumento del tiempo disponible, los ciudadanos pueden informarse bien y ejercer su capacidad de decisión más allá de votar una vez cada cuatro años.

Sumando todos estos factores, seremos capaces de tener prosperidad sin crecimiento, y así podremos vivir bien de manera sostenible.

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