Un modelo económico y político alternativo para un crecimiento respetuoso.

Alberto Valdés.

La actual crisis financiera ha puesto de relieve en Europa algunas realidades, subyacentes al desplome económico, que necesitan ser replanteadas. Por un lado,  la brecha salarial que existe en los dirigentes de las empresas y los empleados medios, así como el respeto de las empresas con el medio ambiente, o con la sociedad en la que están instauradas. Para paliar esta situación, son necesarias medidas focalizadas a eliminar problemas concretos, integradas dentro de un modelo general, con un objetivo definido.

Una de las respuestas ante esta situación parte del departamento de Economía de la Universidad de Viena, bajo la tutela del profesor Christian Felber. El economista austriaco, miembro del colectivo ATTAC, es la cabeza más visible del proyecto “Economía del Bien Común” que aboga por la reforma de los valores que rigen actualmente la economía de mercado a través de las empresas privadas, el “afán de lucro y concurrencia”, por “contribución al Bien Común y cooperación”.

El modelo propugna un sistema más respetuoso con el entorno, para ello otorga a cada empresa un cuadrante de puntuación en el que se medirían, tanto aspectos internos, en relación con ciertos valores que se consideran fundamentales dentro del orden social (solidaridad, sostenibilidad, transparencia, respeto por la dignidad humana…), como aspectos externos, teniendo en cuenta el mismo criterio de justicia social (relación trabajador-propietario, tipo de proveedores, tipo de productos que produce,…). Y en base a estas puntuaciones, que van desde 0 a 1.000, cada empresa ofrecería una imagen real de su actividad, que eliminaría la opacidad informativa producida por la publicidad y las campañas de marketing.

De este modo, sería el consumidor el que decidiría qué proyectos apoyar, teniendo en cuenta las puntuaciones, y observaciones, registradas a través del modelo del Bien Común en cada empresa. El sello distintivo se encontraría en el código de barras, que iría variando según en qué segmento de puntuación se encontrase: rojo (0-200), naranja (200-400), amarillo (400-600), verde claro (600-800) o verde oscuro (800-100).

A su vez, las empresas que obtuvieran buenas puntuaciones, se encontrarían con ventajas legislativas (reducción de impuestos, facilidad para obtener créditos, prioridad a la hora de obtener concesiones públicas,…) que ayudarían a incentivar a la iniciativa privada para paliar situaciones como: el elevado precio de los productos del comercio justo, las diferencias salariales (España es el cuarto país de la UE), los niveles de contaminación, o la deslocalización.

Algunos ayuntamientos españoles ya se han unido a este proyecto, y han empezado a aplicar sus principios. De momento, es una iniciativa que busca cada vez más apoyos, mientras permanece abierta a sugerencias y nuevas aportaciones. Como la define su creador: “una utopía congruente”.

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