Un paseo por BioCultura 2013

Sara Ramos López y Virginia Villaplana
Fotografías de Virginia Villaplana

La vigésimonovena muestra de BioCultura, la feria ecológica más importante de España, abrió sus puertas en IFEMA el pasado 14 de noviembre. Las entradas tenían un precio de 6€ para los adultos, 3€ para los parados, jubilados o quienes dispusieran de carnet joven, y gratuita para los niños, quienes podían disfrutar de Mamaterra, el festival dirigido especialmente a la infancia, o de Títeres Sol y Tierra, un teatro para la educación ambiental. Los adultos más concienciados con el medio ambiente tuvieron la posibilidad de pasear por los 800 expositores que ofrecían productos ecológicos: desde una enorme cantidad de alimentos procedentes de agricultura ecológica como quesos, vinos, hortalizas o mermeladas, hasta cosméticos naturales, textil, decoración, pinturas ecológicas, terapias alternativas, técnicas e instrumentos de meditación, o incluso masajes o talleres musicales. También había una zona dedicada a las ONGs preocupadas por el medio ambiente: WWF, Greenpeace, Ecologistas sin fronteras y un largo etcétera.

Quien llegara al pabellón 9 de BioCultura el sábado 16 a las dos de la tarde, seguramente se contagiase del apetito que reinaba entre los asistentes a la feria. Pero no era difícil encontrar un plato de arroz con verdura con el que probar el resultado del cultivo ecológico, una pizza con ingredientes naturales, o una amplia selección de platos vegetarianos y veganos para los mayores amantes del verde. No obstante, también había productos de origen animal, pero sólo de aquellos que hubiesen sido criados y alimentados de forma natural y ecológica.

Abundaban los puestos con diferentes tipos de pan, todos ellos con carteles sobre su elaboración ecológica. También se podían ver otros apetitosos productos como queso de cabra, o infinidad de verduras y hortalizas con una pinta estupenda. Llamaban la atención por su originalidad los productos de algunos expositores, como es el caso de esta mermelada de calabacín con vainilla, o el chocolate de algarroba con nueces o de chilli picante. Pero si algo merece su mención son las riquísimas mermeladas naturales que se podían probar en una mini-tostada. Había seis sabores diferentes, pero el aspecto de la mermelada de fresa no dejaba otra opción más que probarla.

Además del terreno alimenticio, los participantes en la feria BioCultura trajeron sus creaciones naturales también en cosmética. La vendedora de Fitofarm nos contaba las características de sus productos: “hago una cosmética natural, con ingredientes procedentes de la agricultura ecológica. Los aceites, extractos y conservantes que utilizo son orgánicos”. Sin embargo, los productos carecían de certificado, “Llevo 25 años haciendo de manera artesanal el proyecto, con unas producciones pequeñas y de venta directa para evitar intermediarios. Y también he decidido no certificar el producto porque mi objetivo es dar una cosmética natural y una calidad muy buena a un precio razonable, y la certificación supone aumentar el precio.” También se podía ver textil ecológico. Anunciaban sus productos como elaborados con tinta ecológica y algodón orgánico. Sin embargo, fue una decepción no encontrar la certificación de “algodón orgánico”, sino la de “100% algodón”.

Pero no todo se centraba en la compraventa de productos ecológicos. Conciertos, charlas, presentaciones de libros, clases gratuitas e incluso talleres de cocina se alternaban en las diferentes salas adjuntas al pabellón y en la zona de Show Cooking. Esta última zona, destinada exclusivamente a actividades de cocina, fue, sin lugar a dudas, una de las más concurridas y populares, siempre que se presentaba allí una actividad la gente se arremolinaba a su alrededor. Esto ocurrió, por ejemplo, en las muestras de productos ecológicos de diversas Comunidades Autónomas el primer día de la feria o con el vino de naranjas ecológicos presentado por Guillermo Antelo y Naranjas Ché el sábado.

También se ofrecían cursos de manera gratuita de muy diversos temas: cómo hacer crecer tu huerto ecológico, otro de venta de cosmética natural y otro más de iniciación al yoga. En resumen, durante los cuatro días que duró la feria, se pudo disfrutar de numerosísimas actividades relacionadas con el consumo responsable y los productos ecológicos que no se pueden recoger aquí. Charlas con creadores de iniciativas ecológicas, como Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion España o presentaciones de libros, uno de los cuales fue Los aditivos, ¿venenos necesarios? de Sofía Pencef, que remató con un animado coloquio; también es reseñable la charla de Carolina Punset, entrevistada en este medio, acerca de sus proyectos en Altea.

Se podía disfrutar además de actividades culturales, principalmente conciertos y pase de documentales. Una feria para todos los gustos, que satisfizo las necesidades y las preferencias de todos para pasar una agradable tarde y volver a casa con muchos conocimientos nuevos y un sinfín de productos ecológicos con los que llenar su despensa.

 

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