Energía eólica, una bendición económica desaprovechada

Andrés Stumpf

La energía eólica es una fuente de energía renovable que produce electricidad a través del movimiento del viento, y de la que España ha sido pionera; siendo actualmente el cuarto país con mayor potencia instalada, 22.785 megavatios, y el quinto país que más patentes presenta en este ámbito.

Foto de Lumiago. Algunos derechos reservados.

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En un sector que requiere de tantísimas importaciones como es el energético en España y, según datos del Ministerio de Economía y Competitividad, causante de un déficit de más de 30.000 millones de euros;  la energía eólica supone un alivio para la economía nacional, pues se trata de uno de las pocas industrias generadoras de energía eléctrica completamente nacional.

Desde la fabricación de aerogeneradores (los famosos molinos), hasta a la gestión de los parques eólicos, son compañías nacionales las encargadas de todos y cada uno de los eslabones que forman la cadena productiva de la energía eólica, reduciendo así la salida de capital al extranjero.

Según los datos recogidos en el último informe de la AEE (Asociación Empresarial Eólica) , elaborado por Deloitte en diciembre de 2012 (datos de 2011) el conjunto de la cadena productiva de la energía eólica aporta de manera directa al PIB español 1626,7 millones de euros, es decir, aproximadamente un  0,15% del total de 2011.

El sector eólico español se encuentra subvencionado a través de primas que funcionan como garantía para lograr una competitividad que se espera alcanzar de forma independiente entre 2015 y 2030, dependiendo del precio del barril de petróleo. Se estima el plazo mayor si el valor del petróleo se reduce, y el menor si se encarece. De cualquier forma, la energía eólica no supone gasto alguno, sino que devuelve al PIB tres euros por cada uno invertido en forma de primas.

Tampoco se queda atrás en materia de empleo. Los datos del informe antes mencionado, sacan a la luz que el sector eólico proporciona un total de más de veintisiete mil puestos de trabajos, sumando los que produce de manera directa e indirecta, con un pico máximo en 2008 en el que se llegó a alcanzar los 41.438 empleos.

Asimismo, este sector podría constituir la parte más importante dentro de la tarea de disminuir la dependencia energética a través del desarrollo de energías renovables. Según datos calculados, la energía eólica evitó en 2011 la importación de 8,3 millones de toneladas de petróleo, lo cual supuso un ahorro en la economía española de casi 1920 millones de euros.

No se puede olvidar también que esta energía renovable hace que desaparezcan las externalidades medioambientales de la producción eléctrica. Los combustibles tradicionales provocan una  emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen de forma decisiva a un incremento del calentamiento global, con los increíbles costes que esto puede llegar a suponer. Pues bien, la energía eólica evitó la emisión de 22 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera en 2011, con un total acumulado entre 2005 y 2011 de hasta 132,3 millones de toneladas.

El principal rasgo característico y diferenciador de la energía eólica, a la hora de compararla con cualquiera de las otras energías renovables, es su madurez tecnológica; lo que implica que la diferencia económica entre el uso de este tipo de energía y la tradicional es menor que el del uso de cualquiera de sus hermanas verdes. De esta forma, la energía eólica no encarece la tarifa eléctrica de los ciudadanos españoles más que 1,3 euros al mes por familia.

La energía eólica española es ya una realidad que cubre el consumo eléctrico de aproximadamente 10 millones de familias, lo que supone un 15,6% del total de energía consumida en España.

Peligros

Pero no todo es positivo en el sector eólico español. Las tendencias en los últimos años han sido decrecientes tanto en empleo como en aportación al PIB. Por supuesto, la crisis económica en la que se encuentra inmerso el país tiene mucho que ver en ello, pero no todo.

El principal motivo de la recesión que vive la energía eólica encuentra su causa en la incertidumbre en la retribución eólica a causa de unas regulaciones respecto a las primas que distan mucho de ser claras. Esto provoca un retraso en la inversión para el desarrollo de este sector que, a su vez, genera un efecto de arrastre que lastra también a otros sectores económicos.

La reforma energética aprobada recientemente puede convertirse en la puntilla de una industria boyante, pero que ha visto reducida su contribución al PIB casi un 50%. El nuevo  marco normativo establece un escenario con numerosos interrogantes, muchas regulaciones aún por definir que pueden provocar temor en los inversores y dar al traste con todo el trabajo realizado en el sector. Todo esto, junto con la moratoria de suspensión de los incentivos de las renovables, hace que el potencial de la energía eólica para contribuir a la economía de España se encuentre infrautilizado.

Es realmente urgente y necesario revertir esta situación que podría hacer que se acabara perdiendo esta oportunidad histórica para España de situarse en la cabeza de una industria global y de futuro, capaz de acabar con sus problemas de dependencia energética que tanto mal hacen a la economía nacional.

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