Okupas invitados

Laura Sáez

Los animales salvajes son seres increíblemente atractivos, y los humanos, si podemos tener algo de lo que presumir, lo queremos. Pero, como pasa incluso con los animales domésticos, en cuanto crecen y dejan de ser “monos”, ya no los queremos en casa, y los dejamos en libertad.

Foto de [ebarrera]. Algunos derechos reservados.

Foto de [ebarrera]. Algunos derechos reservados.

Eso es lo que ha pasado con los mapaches en España y en toda Europa. Se pusieron de moda con el estreno de “Pocahontas”, y aunque son increíblemente simpáticos de pequeños, al crecer se convierten en depredadores agresivos e incontrolables. Cuando la convivencia con ellos se hace insostenible, sus “dueños” se deshacen de ellos soltándolos en el campo. Esto, en Madrid y Guadalajara, ha dado lugar a que establezcan sus poblaciones.

El problema es que el mapache es una especie exótica invasora que, aquí, carece de depredadores, y supone una amenaza para la flora y la fauna autóctona. Su rápida reproducción ha obligado a las comunidades autónomas a tomar medidas para erradicarlos, y cada temporada se capturan 20 ó 25. Y lo mismo ocurre en Europa, porque, no sólo supone una amenaza para las demás especies con las que convive, sino también para las personas, ya que es portador de la rabia y otras enfermedades.

Pero esta tendencia no sólo es aplicable a los mapaches; muchos son los animales exóticos a los que sacamos de su hábitat para disfrutar de su compañía, eso sí, hasta que nos cansemos. El impacto que tiene esto sobre la naturaleza es enorme, y la comunidad científica sostiene que se trata de uno de los principales motivos de la pérdida de biodiversidad.

Tener animales salvajes como mascotas es una mala idea en todos los sentidos. No sólo puede suponer un riesgo para sus “amos” (un animal salvaje nunca verá a un humano como tal), sino que contribuye a la caza furtiva y supone un descenso del bienestar el animal que, alejado de su hábitat y obligado a vivir en espacios reducidos, acabará padeciendo estrés. No debemos olvidar que un animal salvaje no se puede domesticar, y que sus instintos nunca van a cambiar.

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