Una nueva Atlántida

Laura Sáez

“Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.” Mark Twain.

Sobrepoblación, destrucción de hábitats, contaminación… Aunque parezca mentira, siempre hay alguien que está buscando alternativas sostenibles a todos los problemas que hemos generado con nuestro modo de vida. Aunque parezca mentira, hay soluciones para todos nuestros problemas, y las ciudades flotantes lo demuestran.

De momento, son sólo un proyecto, una posibilidad en un mar de posibilidades. Sí, en un mar, o más bien, en el mar. Las ciudades flotantes son un reto arquitectónico que pretende crear nuevas comunidades en el mar, políticamente autónomas y con capacidad para autoabastecerse. ¿Una utopía de la ingeniería o de la independencia?

Estas ciudades, elevadas a suficiente altura para proteger a sus habitantes de las posibles tormentas marinas, utilizarían energías renovables. Maremotriz, solar y eólica, siendo esta última la favorita, ya que con su actual desarrollo permitirían la autosuficiencia energética. El agua de lluvia sería recogida y tratada para el consumo humano, y los alimentos podrían producirse en la misma ciudad flotante, o intercambiarse con otras ciudades flotantes a través de túneles que las interconectarían.

Existen dos propuestas para este proyecto, las Lilypad, y los Water-Scrapers.

Lilypad

Foto de Mg Sebastian

Foto de Mg Sebastian

Se trata de una ciudad anfibia y autosuficiente, diseñada por  Vincent Callebaut, con capacidad para 50.000 habitantes. Estarían situadas cerca de la costa, o bien viajarían por todo el océano siguiendo las corrientes marinas, como un crucero constante. Tendría sus propios cultivos, y el comercio tendría lugar en los distintos puertos del mundo. Este proyecto pretende ser una respuesta inmediata a los efectos del calentamiento global, y se prevé que podría llevarse a cabo para el año 2100.

Su autor ha pensado en esta ecópolis de modo que no emita ningún tipo de residuo, abasteciéndose, como hemos dicho, de energías renovables, y biomasa para mover sus motores. Lilypad incorporaría sistemas de iluminación LEDs, reciclaje de residuos, y además, gracias a su atmósfera de dióxido de titanio procesaría el carbono de la atmósfera. Un proyecto muy ambicioso, y que, sin duda, solucionaría muchos de nuestros problemas.

Su diseño está inspirado en la flor del nenúfar, y tendría en el centro una laguna artificial de agua dulce que permitiría la biodiversidad. Las casas estarían suspendidas en jardines y, alrededor de las mismas, habría una red de calles y callejones que seguiría el esquema orgánico. En ella, los ciudadanos harían vida normal, teniendo acceso a puestos de trabajo, estudios y ocio.

Water-Scrapers

Foto de eVolo

Foto de eVolo

Esta propuesta, que ha sido diseñada por Sarly Adre Bin Sarkum y presentada al concurso de rascacielos de eVolo, incorpora también un amplio abanico de tecnologías verdes. Se trata de rascacielos autosuficientes, con una parte sumergida en la que se trabajaría y viviría, y una parte flotante limitada al ocio. Este modelo también es capaz de autoabastecerse mediante la agricultura, la acuicultura y el cultivo hidropónico, utilizando la energía maremotriz, cinética, solar y eólica.

La ciudad constaría de unos tentáculos bioluminiscentes, que proporcionarían un lugar donde vivir a la fauna marina, y de sus movimientos se obtendría la energía cinética. Como el modelo anterior, no produce ningún tipo de residuo.

Problemas

Si bien parece que estamos hablando de ciencia ficción, tanto sus creadores como el Seastanding Institute, sostienen que son dos formas de arquitectura viables que se enfrentan a algunos problemas que deben solventarse primero.

Como de costumbre, el factor económico es uno de los problemas. Actualmente se está invirtiendo mucho dinero en explorar la luna y otros planetas del sistema solar y analizar la posibilidad de vivir en ellos, lo cual resta financiación a estos proyectos. Sin embargo, el Seastanding Institute es una organización sin ánimo de lucro que se financia mediante donaciones, y que tiene el apoyo de uno de los cofundadores de PayPal, quien donó 1,5 millones de dólares a la causa. El segundo problema es su viabilidad, que depende de los materiales utilizados para su construcción y de los permisos a nivel internacional para establecer estas micronaciones.

Puede que ahora nos parezca imposible, pero también puede que en unos años esto contribuya a salvar al planeta. El progreso está donde queramos mirar.

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