El futuro pasa por la construcción verde

Andrés Stumpf

El “boom” de la burbuja inmobiliaria española, producido en abril de 2007, es considerado una de las causas más significativas de la recesión en la que actualmente se encuentra inmerso el país. La economía española basaba una parte importante de su desarrollo en la construcción, y el hundimiento del sector ha supuesto, hasta la fecha, la pérdida de casi el 70% de los 1,9 millones de puestos de trabajo que ofrecía la construcción en su mejor momento, según datos de la Federación de Construcción Madera y Afines (Fecoma).

Foto de Gonmi. Algunos derechos reservados

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Esta caída masiva del empleo ha sido algo devastador para el país, que trata a duras penas de recuperarse. Por supuesto, no es necesario construir más edificios, pues el Instituto Nacional de Estadística (INE) sostiene que hay actualmente más 3,4 millones de viviendas vacías en España, y seguir invirtiendo dinero en construir casas que no van a venderse sería como tirarlo por el desagüe, un desperdicio. En cualquier caso, a pesar de los malos augurios, parece que el sector de la construcción puede ofrecer un puente hacia la recuperación económica, eso sí, reorientándolo hacia la ecología.

Hablamos exactamente de la rehabilitación de edificios en base a criterios ecológicos. A diferencia de los edificios verdes inteligentes, un sector todavía inmaduro para su comercialización popular, pues sólo existen unos pocos por el mundo; este proyecto se basa simplemente en emplear las tecnologías y herramientas de uso más extendido para mejorar su aislamiento y sus sistemas de calefacción.

Se trata de un campo sin explotar que proporcionaría un número considerable de empleos e ingresos capaces de iniciar el proceso de recuperación del país. Una mejora de la eficiencia energética de los edificios españoles no sólo supondría un estímulo al empleo y la inversión nacional, sino que, al mismo tiempo, generaría una mejora del ahorro energético, con la consecuente disminución de las importaciones de energía que tanto mal hacen a nuestra balanza comercial.

Aún hay mucho trabajo por hacer en este ámbito y eso puede ser muy positivo. Estudiosos en la materia coinciden en que el 60% de los edificios españoles ha sido construido sin tener en cuenta ninguna normativa mínima de eficiencia energética, por lo que consumen demasiado y, al mismo, tiempo emiten demasiados gases contaminantes a la atmósfera, algo que contribuye de forma significativa al cambio climático y a las externalidades económicas que éste puede provocar.

Los datos de la Unión Europea señalan que el 40% del consumo total de energía comunitaria procede de las viviendas, lo que sirve para poner de relieve la importancia de la puesta en marcha de un proyecto en el que todo son ventajas. Nuestro país vecino, Francia, ya ha iniciado un sistema de ayudas públicas a este proceso y España reúne todas las características necesarias para que imitarle sea un acierto total. Lo único que falta es voluntad política para llevarlo a cabo.

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