Una de cada ocho personas sufre hambre

Andrés Stumpf

No sólo del medio ambiente se encarga la Ecología, sino también de la pobreza mundial y de las grandes desigualdades, algo que también entra dentro del ámbito de la Economía. A este respecto, es importante conocer un dato reciente y casi apocalíptico: Una de cada ocho personas se encuentra subalimentada, es decir, sufre hambre crónica, en un mundo en el que se tira casi un tercio de los alimentos que producimos.

Mapa de FAO. Todos los derechos reservados

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Se trata de una información revelada en el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) que define el hambre crónica como el “estado de las personas cuya ingestión alimentaria durante al menos un año no llega a cubrir sus necesidades energéticas mínimas”.

Dentro de esta categoría se encuentran en la actualidad unos 842 millones de personas, un 17% menos que en 1990. Esta tendencia positiva marca que el camino seguido hasta la fecha está siendo bueno, pero insuficiente. El hambre es todavía el mayor riesgo para la salud y mata más personas cada año que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntos, según datos recogidos por el Programa Mundial de Alimentos.

Pero, sin duda, lo peor de todo ello es que la FAO sostiene que se produce la cantidad de alimentos necesaria para abastecer al doble de la población mundial, por lo que el hambre es consecuencia directa de un problema de acceso y no de la producción. La falta de infraestructuras para transportar los alimentos eficientemente, junto con el encarecimiento del petróleo, hacen que los precios de la comida sean inalcanzables para los habitantes de países en desarrollo que, paradójicamente, se cuentan entre los mayores productores de alimentos.

A pesar de todo ello, existen motivos para la esperanza. Latinoamérica y el Caribe se han convertido para todas las organizaciones mundiales de lucha contra el hambre en el ejemplo a seguir, pues a través de sus acciones, ha conseguido liderar la reducción del hambre crónica en su región pasando de un 14,7% a un 7,9% de la población total aquejada por este mal.

Según Raúl Benítez, representante de de la FAO de este territorio, esto se debe “básicamente al enorme compromiso político que hay en la región y también a otros factores, como el crecimiento económico, la mejora en los precios internacionales de las materias primas y la estabilidad política y social”.

 

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