Pesadilla después de Navidad

Laura Sáez – Artículo de opinión

Llega la Navidad y las cartas de Reyes de los más pequeños ya están camino de Oriente. Como cada año, una de las peticiones estrella es una mascota, un cachorrito adorable y juguetón que les haga compañía al llegar del cole cada tarde. Algunos serán muy afortunados al ver su deseo cumplido, pero ¿serán tan afortunadas las mascotas acogidas por sus nuevas familias?

Por desgracia, muchas veces la respuesta a este interrogante es no. A la hora de adoptar o comprar un animal de compañía nos olvidamos de pensar en todo lo que ello conlleva. Y no me estoy refiriendo a la parte económica que corresponde a su alimentación, veterinario, higiene, etcétera. Estoy hablando, por ejemplo, del caso de los perros, que necesitan salir a la calle aunque esté lloviendo, no sólo para hacer sus necesidades, sino para mover sus músculos. Y, a veces, no apetece.

Si no somos consecuentes con nuestra decisión, y no hemos pensado que algunas razas se vuelven muy grandes, al cabo de unos meses nos veremos con un enorme problema que no tiene espacio para moverse en casa y que incomoda a los adultos. Y ahí vamos a la solución más fácil, aunque por suerte para nuestra querida mascota no hay prisa, y se puede buscar un comprador o alguien que esté interesado para regalárselo. También podemos tener la brillante idea de comprar un animal salvaje para intentar domesticarlo y que no seamos capaces.

Pero, sobre todo, estoy pensando en el verano, la época en la que más abandonos se producen. Porque llegan las vacaciones y queremos irnos, pero una de dos, o el perro es muy grande y no sabemos dónde meterlo, o no encontramos un sitio en el que admitan mascotas. Entonces, en vez de adaptarnos un poco a ese nuevo miembro de la familia que ya se siente igual a los demás, pensamos en cuál será la solución más económica y cómoda para nosotros.

Me cuesta entender en qué mundo viven las personas que son capaces de desprenderse de los animales así como así. Me parece la hipocresía más absoluta, sobre todo en aquellas personas que dicen que ser adulto es asumir las consecuencias de los actos que uno hace, y abandonar me parece de todo menos asumir. No sé ni cómo pueden dormir tranquilos sabiendo que han abandonado a la mascota que fuera que tuvieran; porque sí, dejar la jaula de tu loro abierta, aposta, para que se vaya es igual de horrible que dejar a tu perro perdido en el monte.

Por suerte, ya hay pena para aquellos que cometen esta crueldad contra los animales. Por desgracia, toda ley tiene su trampa y siempre hay gente que no le pone el chip a su perro o a su gato. Si fuéramos un poco más humanos y un poco menos caprichosos entenderíamos que no todos los animales se pueden domesticar, que los que son domésticos crecen y acarrean muchas responsabilidades, y que, igual que no podemos desprendernos de un hijo, no podemos hacerlo de una mascota.

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