El ejemplo Utah

Andrés Stumpf

La semana laboral tal cual la conocemos hoy en día en la mayor parte del mundo, es decir, una semana de cinco jornadas con sus respectivas ocho horas de trabajo por día, es, según la New Economics Foundation (nef), insostenible tanto para el medio ambiente como para la economía y  la sociedad. Desde la organización, abogan por una semana de 21 horas laborables, aunque son conscientes de los problemas económicos y sociales que podría generar en un primer momento  lo que ya denominan  “La Gran Transición”.

La puesta en marcha de este proyecto está lejos de poder ser inmediata, pero las previsiones recogidas sí reflejan buenos resultados, como una disminución del impacto medioambiental negativo de la producción empresarial, un gran ahorro energético y una disminución del paro junto con una correspondiente reducción de las diferencias salariales; algo que requeriría como política complementaria la imposición de unos salarios mínimos y máximos justos y firmes. Esta visión del mundo también contribuiría a mejorar las relaciones sociales de los trabajadores dándoles más tiempo para pasarlo con sus seres queridos.

Pero no es necesario esperar de brazos cruzados mientras se produce el cambio político y de mentalidad que haría posible “La Gran Transición” , y el mejor ejemplo de ello se encuentra en Estados Unidos, concretamente en el estado de Utah, que, como respuesta a la crisis económica global, decidió, en junio de 2008, redistribuir la semana laboral de los empleados públicos en cuatro días de diez horas durante un año completo.

No se trata de la reducción de tiempo trabajado que se pide desde la New Economics Foundation, pues los empleados trabajan las mismas horas, solo que concentradas en cuatro días en lugar de cinco, lo que no generaría una disminución del paro al no haber nuevas contrataciones; pero sí genera un impacto positivo que se vio reflejado en los datos obtenidos tras el año que estuvo en funcionamiento este “experimento socioeconómico”.

18.000 empleados públicos de los 25.000 que tenía por aquel entonces Utah,  formaron parte de esta iniciativa que fue conocida como Working4Utah. Tras el rechazo inicial, una vez adaptaron su mentalidad al nuevo horario, el 82% de los trabajadores afirmó que quería mantener esa semana laboral, algo que finalmente no ocurrió. En cuanto a los datos económicos y ecológicos, estos no pudieron ser más exitosos.

La reducción del absentismo laboral y de las horas extras supuso un ahorro de 4,1 millones de dólares y, además, esta disposición horaria consiguió que se redujeran las emisiones de carbono en 4.546 toneladas, y las de otros gases contaminantes en 8.000. El hecho reducir los días que los empleados tenían que ir a trabajar implicó un menor uso de sus coches, afectando positivamente al ahorro (1,4 millones de dólares) y al medio ambiente. Además, los encuestados afirmaron que se sentían mucho más productivos con este sistema que con el anterior.

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