Bombilla de bajo consumo: ¿ecológica?

Virginia Villaplana

Las bombillas incandescentes tradicionales fueron retiradas del mercado tras la normativa europea del 1 de septiembre de 2012, con la intención de contribuir a un menor gasto energético. Así, se impulsó un nuevo tipo de iluminación considerado más ecológico: las de bajo consumo. Sin embargo, en la promoción gubernamental de la bombilla de bajo consumo o fluorescente compacto no han sido considerados los riesgos de salud y medio ambiente que implica la ruptura de la bombilla.

En 2009 se llevó a cabo un programa de reparto de bombillas de bajo consumo por parte del Gobierno para mentalizar al consumidor de la necesidad de ahorro energético. Se defendía este modelo más moderno de iluminación porque según datos ofrecidos por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, permitía un ahorro de unos 100€ durante su vida útil, ya que consume un 80% menos de energía y dura entre 6 y 8 veces más que las bombillas incandescentes.

Ahorro energético según cada bombilla. Fuente: Comisión Europea, 2009

Ahorro energético según cada bombilla. Fuente: Comisión Europea, 2009

Además de los argumentos estatales de promoción, el precio de mercado se situó desde el principio en niveles más asequibles en comparación con otros tipos de bombillas como las LED, cuyo precio estaba en torno a los 20-25€ inicialmente. La cuestión económica fue y sigue siendo uno de los principales alicientes de los consumidores para optar por la bombilla de bajo consumo.

Pero es estrictamente necesario considerar una de las mayores desventajas de estas bombillas fluorescentes de bajo consumo: su componente en mercurio. El mercurio es un elemento que puede ser altamente venenoso al exponerse en el medio ambiente, llegando a provocar enfermedades y epidemias al contacto humano. Las Naciones Unidas retiraron del mercado desde 2009 diversos objetos que contenían mercurio, pero se pasó por alto la lámpara fluorescente, que en caso de ruptura desprende el polvo del fluorescente al ambiente, y si ha sido utilizada, ese polvo contiene mercurio, por lo que expone a quienes lo inhalan a grandes riesgos de salud, como es el caso de los niños de los que habla este documental de TV2:

 “El mercurio solo es un problema si la bombilla se tira al cubo de basura en lugar de llevarla a reciclar o si se rompe de forma accidental”, afirma Belén Ramos, responsable del área de Medio Ambiente de la Organización de Consumidores y Usuarios. Las autoridades europeas establecieron en 2012 un máximo de 3,5 mg de mercurio para las bombillas de bajo consumo, pero no han considerado que ese mercurio se escape, ni han llevado a cabo campañas informativas para advertir a la población de este riesgo. En caso de ruptura en casa, la OCU recomienda seguir los siguientes pasos:

  1. Vaciar de gente la habitación y dejar una ventana abierta durante unos 10 minutos (apagar el aire acondicionado si está puesto).
  2. Recoger los restos de la bombilla con un trozo de cartón o una toallita húmeda en lugar de la escoba o la aspiradora.
  3. Meter los restos en una bolsa, junto al cartón y la toallita utilizados, y llevarlos a un punto limpio, donde se recojan fluorescentes para su reciclaje.

 En el documental “La mentira de las bombillas de bajo consumo”, se hace alusión además a la reducción de la duración de las bombillas por parte de las empresas eléctricas, pues la bombilla incandescente inventada por Thomas Alva Edison 1881 ya duraba más de 15.000 horas. Las de bajo consumo, tienen el inconveniente de que su duración real no coincide con la especificada por sus fabricantes y su aguante se ve afectado por el número de ciclos de apagado y encendido.

 LAS BOMBILLAS LED

 Otro tipo de bombillas de bajo consumo son las LED, cuyo tiempo de vida (de entre 35 y 50 mil horas) es mayor que la de las bombillas fluorescentes compactas, tienen una huella ambiental menor que el resto de bombillas y alcanzan su máxima eficiencia más rápido que las de bajo consumo. También poseen un tamaño reducido, resistencia a las vibraciones, permiten controlar el haz de luz, producen menor emisión de calor, existen variedad de colores y como ventaja fundamental: no contienen mercurio.

Luces LED en la calle Goya, Madrid. |Foto de: Jacinta Lluch. Algunos derechos reservados

Luces LED en la calle Goya, Madrid. |Foto de: Jacinta Lluch. Algunos derechos reservados

Si estas bombillas no han alcanzado aún su máximo esplendor en el mercado es porque no eran tan potentes como otras (aunque esto está mejorando con el tiempo) y especialmente, porque su precio era bastante mayor que el de las bombillas de bajo consumo en sus inicios. No obstante, hoy se pueden encontrar bombillas de bajo consumo por un precio entre 3-6€, y una bombilla LED ya ronda entre los 6 y 8€. Es decir, la diferencia económica no es tan elevada, mientras que el ahorro a largo plazo es mayor en eficiencia, cuidado medioambiental y en salud.

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