Locura de precios en el agua

Andrés Stumpf

El agua es uno de los bienes primarios con mayores diferencias de precios entre las distintas Comunidades Autónomas de España. Atendiendo a un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el precio del agua varía hasta en un 354,4% dependiendo de la zona en donde se viva. Así, una persona que viva en Murcia o Cádiz deberá pagar, consumiendo la misma cantidad de agua, aproximadamente 400 euros al año más que otra que viva en Palencia o en Guadalajara.

La razón de todo esto es que no existe un precio estatal para el agua, sino que cada ayuntamiento pone el precio que estima conveniente. La variación, pues, responde a diferencias en cuanto a la disponibilidad, la calidad y a los procesos necesarios de captación, potabilización y depuración del agua de cada zona, según la web del sector del agua iAgua.

Es necesario tener en cuenta que el Instituto Nacional de Estadística (INE)  señala que el 65% del agua captada por las empresas suministradoras con medios propios procedió de aguas superficiales, el 30% tuvo su origen en aguas subterráneas y tan solo el 5% fueron otro tipo de aguas (desaladas del mar o salobres). De esta forma, en las regiones en las que hay poca disponibilidad de agua superficial, los precios son forzosamente más caros; y lo mismo ocurre en aquellas en las que se incluyen en la factura los distintos tratamientos que se realizan sobre el agua.

El portavoz de FACUA, Rubén Sánchez, reclamó una normativa nacional que ponga orden en este panorama y unifique criterios que simplifique estas facturaciones, además de que establezca una periodicidad de facturaciones -ahora suelen ser mensuales, bimensuales o trimensuales-, fije indemnizaciones por interrupción de suministro, presión, reclamaciones y atención al cliente, entre otros extremos.

Sin embargo, hasta la región más cara dista mucho de acercarse los precios del agua altos de Europa, según datos de la Asociación Internacional del Agua, y es  que, en la actualidad, los precios de este servicio en España son bajos debido a la existencia de  importantes subvenciones públicas.

Estas ayudas, que son sin duda positivas a la hora de permitir el acceso a un bien tan necesario como es el agua, tienen también su cara negativa en la cantidad litros que se desperdician. Al ser un bien barato, la población no tiene la conciencia de ahorro necesaria, con el consecuente impacto medioambiental y económico que esto supone. Según Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica, hemos entrado en una etapa de escasez y encarecimiento del agua, entre otros motivos, porque las tarifas de consumo actuales no castigan el derroche, que sería mejor solución que subir los precios.

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