Papel de piedra: un gran desconocido

Virginia Villaplana

En los años 90 se desarrolló en China un tipo de papel que no precisa árboles ni agua para su elaboración, sino una combinación de polvo mineral que utiliza un 50% menos de energía que el papel a partir de celulosa. Se trata del papel de piedra, un invento que desde 2004 se comercializa en EEUU y que ya cuenta con empresas como EmanaGreen o Miquelrius que lo distribuyen en España.

Cuaderno de papel de piedra

Cuaderno de papel de piedra| Foto por: Cat Sidh | Algunos derechos reservados.

Por un lado, este tipo de papel parece presentar numerosas ventajas medioambientales según sus creadores: contribuye a la preservación de dos preciados recursos naturales tan explotados en la industria papelera tradicional como son los árboles y el agua, pues el proceso de fabricación del papel de piedra solo precisa un 80% de carbonato cálcico (la sustancia más abundante en la naturaleza) y un 20% de resina no tóxica que actúa de fijador. También produce un ahorro energético considerable, ya que su fabricación necesita la mitad de energía que la obtención de papel convencional. Según la afirmación del director de EmanaGreen, Ignacio Schmidt, “Si todo el papel del mundo fuera de este nuevo material se ahorraría la tala de más de 3.000 millones de árboles y el equivalente en CO2 a 55 millones de coches”.

Además, su color blanco se consigue sin utilizar cloros ni ácidos de ningún tipo, mientras que en la fabricación de papel convencional, el proceso de blanqueado del papel es la parte más contaminante, ya que requiere el empleo de sustancias altamente perjudiciales para el medio ambiente como el peróxido de hidrógeno o el dióxido de cloro. Y no solo esto, sino que el resultado es un papel 100% reciclable que se degrada con una exposición al sol de entre 3 a 9 meses. Quizá la única pega sea que esta sensibilidad a la luz lo hace algo más frágil.

 El punto fuerte de este tipo de papel en el mercado es que se trata de un material muy resistente al agua, a la grasa y al aceite, lo que ha hecho que sea utilizado especialmente  por cocineros, deportistas, en la elaboración de mapas, brazaletes de hospitales, envoltorios de jabones o libros infantiles, y alguna gama de cuadernos de compañías como Oxford, Ogami y FiberStone.

Después de todas estas ventajas, y teniendo en cuenta que un material u otro no cambia el hecho de que el planeta sea finito (lo que necesariamente lleva a evitar el abuso y el despilfarro), parece el papel perfecto para el medio ambiente. Sin embargo, para garantizar esto habría que asegurar que el 100% de la roca caliza y resina utilizadas en su fabricación provienen de residuos industriales reciclados, pero EmanaGreen solo mantiene que una mayoría del material proviene del reciclado, lo que genera algunas dudas sobre si se llevan a cabo extracciones mineras más contaminantes para la obtención de la caliza, que lo convertirían en un papel menos ecológico que el de celulosa.  También puede plantearse la duda de por qué este beneficioso papel no se ha generalizado en el mercado, sustituyendo al papel tradicional. Los intereses empresariales que entran en juego podrían ser una buena respuesta, pero quizá la respuesta más evidente sea, como en la mayoría de los casos, la económica: este papel cuesta cuatro veces más que el convencional. No obstante, si aumentase el volumen de fabricación, el precio podría disminuir, lo que nos lleva a plantearnos si tal vez, estemos ante un invento desaprovechado.

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