Puentes salvavidas para los animales

Laura Sáez

A lo largo de la historia, y sobre todo de los últimos años, prácticamente toda actividad humana ha estado ligada a la destrucción de una fracción de la naturaleza. Construcción y obtención de energía son dos de las más destacables. Y el coste de estas prácticas es elevado. Por ejemplo, en las carreteras españolas mueren al año más de 10 millones de vertebrados.

Las carreteras suponen un elevado riesgo para la fauna, pues dividen sus hábitats y la ponen en peligro cada vez que un animal decide cruzar la carretera, lo que también supone un riesgo para los conductores. Existe, sin embargo, una alternativa que reduce la posibilidad de accidente y, por ende, la muerte de tantísimos animales contra el asfalto.

Ecoducto en la autopista A20 cerca de Grevesmühlen, Alemania.

Ecoducto en la autopista A20 cerca de Grevesmühlen, Alemania.

Son los llamados ecoductos, unos puentes para animales situados sobre autopistas o grandes vías férreas que conectan los hábitats de ambos lados de la calzada. Su anchura es de un mínimo de 25 a 30 metros, y su uso está muy generalizado en Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos. No es el caso de España, donde, dado su elevado coste económico, se sitúan en lugares en los que se da una fragmentación del hábitat de grandes mamíferos o placentarios (como el jabalí).

Un ejemplo de zona con ecoductos en España es el parque de Doñana. Su construcción supuso una inversión 1,99 millones de euros, de los cuales la Unión Europea aportó 756.000. Aunque siempre se ha dudado de la utilidad de estas construcciones, dado que nadie puede enseñarle a un animal por donde debe o no cruzar, en el caso de los puentes de Doñana está demostrada. Las cámaras nocturnas identificaron a un lince joven entrando y saliendo a través de uno de los ecoductos.

De modo que los ecoductos sí son una solución a un problema real que afecta tanto a la fauna como a los humanos, y que, aunque en un principio suponga una gran inversión, a la larga ahorra dinero, ya que se reducen los costes de mantenimiento de las carreteras. No obstante, no debemos olvidar que nos encontramos en una situación de crisis en las que, quizá, sea mejor invertir en otras cuestiones. O eso puede opinar mucha gente. Sin embargo, muchos ejemplos nos han demostrado que invertir a favor de la naturaleza es más rentable, a la larga, que ir en su contra.

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