Animales nacidos para sufrir

Laura Sáez 

Los seres humanos anteponemos nuestros intereses, sobre todo los económicos, a los de cualquier otro ser vivo sobre la tierra. Destrozamos ecosistemas sin miramientos y nos aprovechamos de todo lo que esté a nuestro alcance, sin límites. Pero toda práctica antinatural tendría que estar limitada, y experimentar con animales no debería ser menos.ratas_paraplejicas

La experimentación en animales tiene una larga trayectoria histórica y, salvo en los casos de los cosméticos u otros bienes de consumo, en general es una práctica aceptada por la sociedad; sobre todo si se trata de experimentación con fines médicos. Sin embargo, ni los fines médicos están tan justificados como muchos afirman, ni estas son las únicas prácticas en las que se somete a los animales a un cruel e inhumano sufrimiento.

Recientes investigaciones estiman que 115 millones de vertebrados mueren en experimentos tras días, meses o incluso años sometidos a dolorosas y agonizantes pruebas, de los cuales más de 12 millones fallecen en la Unión Europea).

Experimentación militar

Se somete a los animales a heridas de bala, envenenamientos, radiación y explosiones, entre otras, con el único fin de comprobar los devastadores efectos de las armas. Resulta muy difícil conocer el alcance exacto de estas prácticas, pero según PETA, cada año 320.000 son torturados y asesinados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos en experimentos crueles y calificados como “Top Secret”.

Un ejemplo que seguramente todos recuerden, por impactante, son las imágenes difundidas en los telediarios tras la invasión estadounidense de Afganistán, en la que se veía a miembros de Al-Qaeda envenenar a un perro con un gas y morir de manera agonizante. Entre las especies con más victimas se encuentras los delfines, caballos, cerdos y perros.

Bienes de consumo

experimentos con animalesSin duda alguna, la más criticada por toda la sociedad, incentivada por una economía capitalista cuyo mercado consiste en sacar cada año nuevos productos. Estos productos son probados en los ojos, piel, pulmones e intestinos de los animales, cuando la legislación de la mayoría de los países no exige estas pruebas (China, por ejemplo, sí lo hace). Los animales sufren hasta tal punto con pruebas como el Test de Draize que se han llegado a partir la columna intentado huir del producto en cuestión.

Los resultados de estos estudios muchas veces son inservibles, ya que muchas veces se ha tenido que retirar un producto por sus efectos secundarios en personas. Esto se debe a que, por mucho que se escojan los animales más parecidos fisionómicamente a los seres humanos, no son iguales, y por lo tanto no reaccionan de la misma manera.

Desde marzo de 2013 está prohibida en la Unión Europea (Directiva 76/768/CEE) que se testen cosméticos en animales, retirándose y prohibiéndose la comercialización de los productos que lo hagan.

Educación

Una práctica que, en la actualidad, se ha vuelto totalmente innecesaria gracias a los enormes avances tecnológicos. Gracias a los simuladores mecánicos, los maniquíes o la realidad virtual, los alumnos no necesitan experimentar con animales para conocer su fisionomía. Muchas grandes universidades, como Harvard o Yale los han sustituido por métodos de aprendizaje que no involucran animales, ya que varios estudios demuestran que la formación no se ve mermada, y que incluso puede ser superior.

Por otro lado, los alumnos de aquellos centros en los que no se lleven a cabo estas prácticas alternativas a la utilización de animales, tienen derecho a objetar y, por lo tanto, no verse en la obligación de realizar estas prácticas.

Investigación médica

A pesar de que elegimos los animales más semejantes a nosotros, los avances han demostrado que no siempre son fiables estos experimentos y que tampoco son necesarios, pues muchos medicamentos han salido al mercado sin necesidad de haber probado sus efectos en animales.

Si la penicilina la hubiéramos testado en cobayas, nunca nos habríamos beneficiado de sus bondades, dado que son altamente alérgicas a ella. Por el contrario, está el caso de la Talidomina, un fármaco testado en hembras embarazadas, y aparentemente sin efectos, que se comercializó desde 1958 hasta 1963 y que resultó originar malformaciones en bebés de todo el mundo.

Una de las pruebas más comunes es el test de toxicidad o Dosis Letal 50 (LD50), que consiste en determinar qué dosis de una determinada sustancia provoca la muerte de la mitad de los animales del experimento para extrapolar estos resultados a los humanos, siendo así el indicador general de toxicidad aguda de un principio activo.

En febrero de 2013 se modificó en España la legislación referente a la experimentación con animales a través del decreto RD 53/2013, que obliga a los investigadores a buscar fórmulas alternativas que no impliquen pruebas en animales, y que estas sólo serán permitidas siempre y cuando no haya una alternativa posible. También prohíbe los experimentos en chimpancés, gorilas y orangutanes, aunque no se habían dado casos de esto en nuestro país. No obstante, esta modificación fue muy controvertida y se cuestionó si realmente iba a suponer un beneficio o no para los animales.

Alternativas

Afortunadamente, las hay. Por ejemplo, unos microchips desarrollados por el programa “Tissue Chip for Drug Testing”, financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) y la Agencia de Defensa de Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA).lung-chip-prings-blue

Los microchips de silicona y transparentes contienen tejido humano vivo, y pretenden replicar las funciones de nuestros órganos para ofrecer resultados más rápidos, fiables y rentables. Por el momento, ya cuentan con un “intestino en chip” que imita sus movimientos y funciones digestivas.

Pero esta promesa científica no es la única opción a la experimentación con animales. Los cultivos in vitro de células, tejidos y órganos, que se obtienen de cadáveres o biopsias, son utilizados para buscar sustancias y producir y probar productos farmacéuticos como las vacunas.

También tenemos la alternativa de la experimentación clínica, que consiste en probar los productos en humanos voluntarios. Esta práctica, generalmente de la mano de enfermos que quieren beneficiar a la sociedad, ha permitido aislar bastantes enfermedades de tipo mental.

Foto de ENPA. Todos los derechos reservados.

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