Crecer entre animales

Laura Sáez

El ser humano necesita a las plantas y los animales para su adecuado desarrollo y buen nivel de vida, especialmente cuando somos pequeños. El contacto con la naturaleza desde la primera infancia, sumado a ese ansia por descubrir el mundo que nos rodea a esa edad, es una actividad esencial para el correcto desarrollo motriz y la maduración biológica.

La naturaleza es sabia, y los niños son los que más exteriorizan sus instintos. Por ese motivo, desarrollan una simpatía especial hacia los animales y se entienden muy bien con ellos. Sin embargo, en la sociedad urbana en la que vivimos, no siempre es fácil estar en contacto con el entorno natural que nos rodea. Numerosos expertos recomiendan, por tanto, que se tenga una mascota en casa, ya que no sólo reducen el estrés y la tensión de todos, sino que ayudan al crecimiento de los más pequeños.

Elena Shumilova, fotógrafa.  © Todos los derechos reservados.

Elena Shumilova, fotógrafa. © Todos los derechos reservados.

Está demostrado que aquellos niños que tienen una mascota son más responsables y desarrollan mejores vínculos afectivos, además de ser más equilibrados y tolerantes que aquellos que no la tienen. En un principio, no es necesario enseñar a los niños a querer a la naturaleza, pero sí lo es fomentar ese amor, porque esta aumenta o disminuye en función de las influencias que se reciban. Así, tener una mascota favorece el respeto que los más pequeños van a desarrollar hacia la naturaleza; algo que es de vital importancia actualmente.

Dieter Krowatschek afirma en su libro Los niños necesitan animales de compañía que “los animales a menudo demuestran ser mejores que los seres humanos. Ayudan a desarrollar la responsabilidad y la autonomía, y se comportan de manera equilibrada, sensible, alegre, atenta y cariñosa. Es imposible pasar por alto una influencia tan positiva. Incluso entre los adolescentes, que se encuentran en una fase de desarrollo en la que se sienten incomprendidos y ven a sus padres cada vez más inaccesibles, los animales actúan de manera estabilizadora”.

La fotógrafa Elena Shumilova, de Andreapol, Rusia, comenzó a hacer fotografías en 2012, y su trabajo está centrado en fotografiar a sus hijos. En concreto, tiene una colección de imágenes íntimas en las que refleja la estrecha relación de sus dos hijos con los animales de su granja.

Cada una de las fotografías muestra cómo los dos hermanos han aceptado a los animales casi como uno más, del mismo modo que los animales conviven con ellos, olvidando las diferencias que puedan separarles.

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Para ver más fotos, entra aquí.

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