El ocaso de las tortugas marinas

Laura Sáez

En el mundo hay siete especies de tortugas marinas, de las cuales seis están en peligro de extinción. Muchos son los motivos que ponen en riesgo a estos animales que nadan a lo largo y ancho de todo el océano y, como suele ser habitual, casi todos tienen que ver con el ser humano. Pero, afortunadamente para esta fauna marina, hay posibles soluciones que evitarían su extinción.

Entre los riesgos naturales se encuentran sus numerosos depredadores, que acechan desde que la tortuga adulta pone los huevos hasta que alcanzan la madurez, donde estas amenazas se ven considerablemente reducidas. Sin embargo, las que no dejan de poner en riesgo su vida son aquellas que provoca, de una manera u otra, la actuación del ser humano.

Según WWF/Aena, la principal causa es la destrucción de costas, propiciada principalmente por la presión turística. Esto implica que muchas de las tortugas, tanto si llegan Mediterráneo como si se limiten a las costas australianas, no puedan nidificar con normalidad. A esto se suma la contaminación lumínica y acústica, que estresan a las hembras y las desorienta, disminuyendo así la reproducción.

Por causas naturales, aproximadamente una entre mil tortugas es capaz de llegar a la madurez. Esto ya de por sí supone un riesgo para la especie que, sin embargo, ha sobrevivido a infinidad de cambios en el planeta. Pero, con las nuevas amenazas, se estima que hay 100.000 ejemplares de hembras ponedoras en todo el mundo.

Entre las amenazas está la caza ilegal de ejemplares adultos junto con el saqueo de huevos en las costas, según afirma Greenpeace. Aunque es una caza que lleva años prohibida, decenas de miles de tortugas mueren para abastecer el mercado negro de perlas de carey, pieles de botas o carne para sopa. Si a esto le sumamos la acidificación de los océanos, que también afecta a los arrecifes de coral (entre otros), junto con otros efectos relativos al cambio climático y la contaminación de los océanos (sobre todo por productos plásticos, que las tortugas confunden con alimento), no es de extrañar que las distintas especies se encuentren con problemas para subsistir.

Por su parte, Oceana añade la pesca accidental, concretamente atrapadas por el palangre. Este ámbito requiere especial atención, ya que afecta a otras especies, como los tiburones. Un 60% de los casos tiene lugar en el Atlántico, y un 10% en el Mediterráneo, según un estudio publicado por la revista Ecology Letters.

Para salvar a estos animales es necesaria la intervención política, con una legislación férrea y planes de conservación y recuperación. Se hace necesario modificar las medidas de protección de su hábitat, especialmente el de nidificación, y por lo tanto una reforma de los planes urbanísticos. En cuanto a la caza y el mercado negro, una mayor persecución y mayores sanciones serían convenientes. Y, por supuesto, utilizar las nuevas tecnologías en nuestro favor, ya que permiten, por ejemplo, seguir sus recorridos y estudiar mejor esta situación que, sin duda, requiere de una actuación urgente.

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