La importancia de los superpredadores

Laura Sáez

El ecosistema global está formado por pequeños ecosistemas que dependen los unos de los otros. Dentro de cada sistema, las especies están estrechamente ligadas, y el más mínimo cambio podría alterar por completo la vida en un hábitat.

Foto de Caninest. Algunos derechos reservados.

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A principios del siglo XX, como consecuencia de una actitud sobreprotectora de los ungulados, la población estadounidense consideró a los lobos un peligro para las especies y, por tanto, una plaga a la que había que eliminar. Fue en 1918 cuando el Director del Servicio de Parques ordenó la “exterminación de leones de montaña y otro animales depredadores” en Yellowstone, Estados Unidos. Así, aproximadamente 136 lobos encontraron la muerte, y miles de otros depredadores. En 1926 se declaró que los lobos habían sido completamente eliminados de Yellowstone.

Según afirma el informe “los lobos y la ecología del miedo“, los lobos han estado fuera del hábitat del parque nacional del Yellowstone, durante casi 70 años, y a su regreso ha tenido lugar una cascada trófica. Las cascadas tróficas consisten en una serie de efectos indirectos y amplificados que ejercen los superpredadores, es decir, los animales situados en la cima de la cadena trófica, sobre el resto de seres vivos.

Antes, se pensaba que los grandes depredadores no eran un eslabón realmente importante en los distintos hábitats, y que sólo afectaban al comportamiento de sus presas. Sin embargo, está demostrado que influyen decisivamente en los depredadores de menor tamaño, lo que, a su vez, se traduce en un aumento de herbívoros pequeños, reduciendo la biomasa vegetal.

Hasta ahora, esto estaba muy estudiado en ecosistemas marinos, como los arrecifes de coral, pero el vídeo de George Monbiot, activista político y medio ambiental titulado “¿Cómo pueden los lobos cambiar el curso de un río?” demuestra que para en los ecosistemas terrestres por igual.

La presencia de los lobos ha afectado a más de 25 especies en el parque de Yellowstone. Los lobos se alimentan de alces, y los restos que quedan son aprovechados por otras especies, como aves rapaces. Así mismo, el miedo de los alces a ser atacados por los lobos hace que no se acerquen a los árboles más jóvenes de las zonas de dominio de los lobos y se acerquen a los arroyos. De este modo, ha habido un aumento en la regeneración del álamo temblón, el álamo de Virginia y el sauce.

Queda demostrado, una vez más, que la naturaleza es sabia.

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