Zooterapia: animales que arreglan vidas

Laura Sáez

Los seres humanos tendemos a utilizar los recursos naturales de manera irresponsable para conseguir nuestros propios fines. Sin embargo, los beneficios que la naturaleza puede aportar, desde el respeto, a las personas son enormes, y mucho nos queda aún por descubrir en este terreno.

Owen y Haatchi. Fuente: Schnauzi.com

Owen y Haatchi. Fuente: Schnauzi.com

La zooterapia o Terapia Asistida con Animales (TAA) es uno de ellos, que se está popularizando cada vez más. Contrariamente a lo que pueda parecer, no es una práctica innovadora: en 1792 fueron introducidos perros en un manicomio de Londres por William Tuke, consiguiendo mejorar las condiciones infrahumanas del lugar. Ahora, esta técnica se utiliza cada vez más con el fin de mejorar la capacidad emocional y la seguridad de los pacientes, de todas las edades, que han perdido la motivación como consecuencia de su enfermedad.

Los animales más utilizados en estas terapias son los perros, gatos, caballos, aves, conejos y delfines. Para que los animales puedan ser utilizados reciben un entrenamiento especial y obtener una certificación. Para poder obtener este certificado, los animales deben tener un carácter dócil y nada agresivo, de modo que estamos ante un proceso de selección que fue avalado en 1990.

Sin embargo, esta alternativa médica genera mucha controversia. Por un lado, los defensores de los animales consideran que para algunos, como los delfines, es perjudicial. Esto se debe a que, al formar parte de estos tratamientos, los animales deben permanecer en cautividad. Son utilizados, especialmente, en niños con Síndrome de Down, parálisis cerebral y autismo, y no se tienen resultados concluyentes en cuanto a la conducta del niño. Por este motivo, se pide que se excluya a estos animales de los programas de TAA.

Algunos especialistas, como  Lilienfeld y Arkowitz, consideran que se trata de un arreglo temporal, ya que no hay datos que demuestren la mejora a largo plazo. Por otro lado,  los estudios de Heimlich apuntan que la utilización de animales como apoyo para niños con discapacidades graves carece de evidencias fuera del laboratorio, por lo que no es posible plantear la hipótesis de que se trate de una terapia eficaz.

Además, puede resultar ser una terapia de doble filo: si el animal no pertenece al niño, cuando el tratamiento se interrumpa deberán romper el vínculo afectivo, lo que podría derivar en una recaída.

A pesar de todo esto, hay historias que demuestran que realmente sí es positivo el contacto con animales. Es el caso de Owen, un niño con una enfermedad rara, y Haatchi, un perro abandonado en las vías de un tren. El pequeño siempre ha estado falto de seguridad en sí mismo, y sentía que la gente le miraba despectivamente y Haatchi era un perro triste, hasta que se conocieron. Los beneficios del vínculo afectivo entre ambos son notables, y no han sido consecuencia de una TAA; ha sido todo fruto de un cruce de caminos fortuito.

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