Ecofeminismo: alianza entre el medio ambiente y la lucha de género

Cristina Allende

Tradicionalmente, la mujer ha esto ligada a la naturaleza: la dicotomía varón-cultura, mujer-naturaleza ha estado ampliamente aceptado en el imaginario popular. Y lo sigue estando: no falta quien asocie la capacidad reproductora de las mujeres con los misteriosos y místicos procesos de la Madre Naturaleza. Esta división es más perjudicial de lo que parece, pues proporcionó durante siglos la excusa perfecta para privar a las mujeres de educación, al no estar sus cerebros naturales preparados para los rigores de la alta cultura reservada a los hombres. Sin embargo, ese es otro tema que se tratará en otra ocasión.

El ecofeminismo acoge este vínculo y lo transforma a su favor. Es un movimiento que propugna que el patriarcado como forma social se ha apropiado de los derechos reproductivos de la mujer y de forma paralela, de los métodos de producción agrícolas, lo que lleva a la degradación de la tierra y la propia sociedad. Explicado de manera más práctica, este movimiento surge de una alianza utópica entre los derechos de las mujeres y el medio ambiente, de manera que a la larga esto llevaría en algún momento a la formación de una sociedad igualitaria sin géneros, respetuosa con el medio ambiente. Es decir, la noción central de este movimiento es que hay que cambiar tanto la situación de las mujeres como la del mundo natural, perjudicadas ambas por el actual sistema.
Reproducimos aquí un fragmento significativo del manifiesto de la Red Ecofeminista:

“Estamos convencidas de que vivimos un momento crucial para el futuro del planeta en el que no es posible esperar más para integrar en la política cotidiana el discurso del ecologismo político y del ecofeminismo. Muy al contrario, vemos como todos los partidos continúan con su discurso productivista y desarrollista, que solo piensa en el corto plazo y que, más temprano que tarde, nos conduce a una crisis ecológica de consecuencias quizá irreversibles.”

El movimiento es la convergencia en los años 70 del feminismo y el ecologismo, cuando se mostraban los primeros signos de alarma global ante la destrucción del medio ambiente y cuando el movimiento feminista estaba en pleno apogeo, ligado también a muchas otras causas de ese periodo convulso. Sin embargo, se llegó a la conclusión de que el feminismo y la ecología tenían muchos objeticos en común.
Es la teórica Françoise d’Eaubonne quien pone nombre a este movimiento, pues, al igual que muchas otras agrupaciones de este tipo, muchas veces no se reunían de facto sino por casualidad. Por ejemplo, es conocido el caso de las mujeres de Love Canal, en EEUU, quienes organizaron una resistencia contra las plantas químicas que envenenaban el agua de la zona, a finales de los años 70. La etiqueta de ecofeminismo no se les concedió en un principio ni se la pusieron ellas mismas, sino que fue una mirada posterior lo que reveló esa conexión que entraba dentro de las bases del movimiento. Otras acciones sociales más conocidas del

ecofeminismo es la de las mujeres indias de Chipko, que se abrazaron a los árboles de su comunidad para detener la tala masiva o el de las mujeres de Greeham Common, el paradigma de protesta de este tipo.
En septiembre de 1982, la asociación galesa de mujeres “Women for Life on Earth” estableció un campamento de la paz (al estilo de las acampadas en la puerta del Sol) alrededor de la base de Greeham Common, en contra de la decisión del gobierno de albergar misiles crucero en aquella localización, lo que atentaba contra la paz y el medio ambiente, dos bases de la asociación. El campamento se mantuvo de manera ininterrumpida desde 1981 hasta el año 2000, con puntuales desalojos a pesar de los cuales el campamento volvía a levantarse.
Como todos los movimientos político-sociales, el ecofeminismo no tiene todas las respuestas y, por supuesto, tiene detractores. Las principales flaquezas que se le achacan es que es demasiado “egoísta”, y mira al ecologismo con una perspectiva de género que no siempre beneficia al medio ambiente, añadiendo causas políticas que entorpecen los procesos. Mientras que los movimientos ecologistas tradicionales achacan al androcentrismo el problema ecológico de raíz, las ecofeministas lo achacan al patriarcado, que es un concepto distinto y más problemático.
Actualmente, el ecofeminismo es un fenómeno en boga. Existen a lo largo del mundo muchas asociaciones de mujeres preocupadas por el medio ambiente, como la ya mencionada Women’s for life on Earth y existen muchas especialistas sobre el tema, como Wangari Maathai, ganadora del premio Nobel de la paz en 2004 por fundar en Kenia el movimiento Cinturón verde, que pretende repoblar los bosques deforestados.

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