Ciudadano chino exige una indemnización al Gobierno por esmog

Andrés Stumpf

Li Guixin, ciudadano de Shijiazhuang, China, ha denunciado a su Gobierno en nombre de toda su comunidad exigiendo una indemnización ante los altos niveles de esmog a los que se encuentran expuestos. El esmog, derivado de las palabras humo y niebla, es un espeso manto gris compuesto fundamentalmente de hollín y azufre y que, junto con otros tipos de con contaminación atmosférica, se ha cobrado la vida de 1,2 millones de personas en China.

Esta denuncia, recogida por un diario del país, el Yanzhao Metropolis Daily, fue trasladada al tribunal del distrito mencionado después de que los niveles de polución batiesen todos los récords por sexto día consecutivo, superando con creces los límites impuestos por la OMS que, en su último informe, aseguraba la relación entre las partículas en suspensión y enfermedades respiratorias en niños, arteriosclerosis, diabetes, e incluso problemas en la función cognitiva y en el desarrollo neuronal.

El órgano de justicia aún se encuentra en plena deliberación, a pesar de que desde la BBC aseguran que instancias superiores de la justicia china ya han dejado entrever que se pronunciarán en contra del demandante. Esto contradice sobremanera los aparentes esfuerzos del Estado chino para combatir la contaminación, que habían llegado al extremo de aprobar condenas que recogen la pena de muerte para aquellos que no respeten la normativa ambiental.

Gauxin espera que, tras todo este proceso, la Oficina Municipal de Protección Ambiental de Shijiazhuang actúe conforme a su deber de controlar la contaminación del aire conforme a lo establecido en las leyes del país. Además, justifica la exigencia de la indemnización como contrapartida a los contaminantes que tanto él como sus conciudadanos están obligados a inhalar, y como compensación de los gastos en máscaras antigás y purificadores de aire a los que se han tenido que enfrentar recientemente.

La prensa internacional no duda en calificar de “héroe” a Gauxin por atreverse a denunciar públicamente a un Estado cuyo último conflicto se resolvió con una misteriosa paliza a otro ciudadano  que había exigido que se tomaran medidas contra la contaminación de los ríos. Gauxin se convierte de esta forma en la bandera de un proceso que exige el reflejo económico de las externalidades ambientales que, si bien existen y son cuantificables, no se suelen tener en cuenta en unos procesos de producción industrial en los que sólo prima la maximización de beneficios.

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