Los líderes mundiales se reúnen en busca de soluciones al cambio climático

Andrés Stumpf

El cambio climático comienza a convertirse en un problema de primer orden, no sólo para los ecologistas, sino también para los líderes de la economía mundial. Fiel reflejo de esto fue la celebración, el pasado viernes, de una conferencia sobre las consecuencias económicas del cambio climático en el seno de las “Reuniones de Primavera” organizadas anualmente por Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington.

Junto a los líderes de las instituciones internacionales organizadoras, Jim Yong Kim por el Banco Mundial y Christine Lagarde por el FMI, asistieron a la conferencia el presidente de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, y 50 ministros de Hacienda de todo el mundo que mostraron su preocupación ante las previstas consecuencias económicas fruto del cambio climático. De forma conjunta, se decidió dejar apartada la vertiente científica del problema ambiental y tratar de enfocar el plan de acción que se debe llevar a cabo desde los distintos Estados para atajar el cambio climático, problema a día de hoy reversible.

De entre los puntos que se tocaron en la conferencia, destacó sobremanera la necesidad de fijar un precio de carbono estable. La fijación de un precio de carbono supondría, como señalan los expertos, un incentivo fiscal para dirigir las inversiones hacia un crecimiento con bajas emisiones de carbono y  una reducción del consumo de energía.

El precio del carbono se puede fijar a través de mercados, impuestos o diferentes instrumentos para diversos sectores de la economía. Sin embargo, desde el Banco Mundial hicieron notar que los dos primeros tienden a generar reducciones de emisiones a gran escala de manera más eficiente y, sobre todo, rápida, algo fundamental en esta batalla a contrarreloj por frenar el cambio climático.

De entre todos los continentes, en la cita se puso como ejemplo al africano que, normalmente olvidado en lo que a temas económicos respecta, se encuentra a la cabeza de metas que permitirán avanzar en la agricultura inteligente en relación con el clima. A la hora de afrontar las consecuencias ambientales, resulta vital fijar objetivos en relación a mejorar la productividad agrícola y la nutrición, fortalecer la capacidad de adaptación de los agricultores y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en las técnicas de cultivo; si lo que se busca es eliminar la pobreza  y garantizar la prosperidad de las personas.

Los mensajes parecen claros: cuanto antes se detenga el cambio climático, menor coste supondrá. Lo único que se interpone entre el problema y su solución es la voluntad de ponerle remedio.

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