La producción de cocaína desangra al Amazonas

Andrés Stumpf

El tráfico de drogas mueve actualmente, a escala internacional, cerca de 500.000 millones de dólares al año, según los últimos datos publicados por la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos. Conocidos son los esfuerzos y las campañas con objetivo de disminuir el consumo de drogas, pero el dinero que este negocio genera en el mercado negro sigue actuando como contrapunto para mantener viva esta producción ilegal que ha destrozado vidas, familias enteras y ahora, según la revista Environmental, Science & Technology, también el medio ambiente.

El estudio Forests and Drugs: Coca-Driven Deforestation in Tropical Biodiversity Hotspots, dirigido por la investigadora Liliana M. Dávalos, muestra como la producción de hoja de coca es un motor importante para la deforestación de la región amazónica. La hoja de coca no es en sí misma mala para el hábitat, pero su superproducción, derivada de la gran demanda de cocaína, de la que es materia prima, acarrea terribles consecuencias para la biodiversidad de la región. La cocaína, junto con la heroína, se mantiene como baluarte del tráfico de drogas con 161 millones de dólares de volumen de negocio anual.

Según Dávalos, por cada hectárea sembrada de coca (que produce 7,4 kilos de cocaína) se talan tres hectáreas de bosque, por lo que el consumo de un gramo de cocaína supone la destrucción de cuatro metros cuadrados de selva, que tardarán entre uno y seis siglos en recuperarse. Pero la destrucción que el negocio de la cocaína provoca en el medio ambiente no remite únicamente a la deforestación del Amazonas, sino que, como señalaba en 2009 el por entonces vicepresidente de Colombia, Francisco Santos Calderón: “Cada gramo de cocaína que se produce en los laboratorios clandestinos de la selva colombiana genera 626 kilos de basura y contamina 200 litros de agua”.

Estos y otros muchos motivos han llevado a Colombia, hasta hace poco principal productor de cocaína del mundo, a luchar contra el narcotráfico invirtiendo miles de millones de dólares en  grandes campañas de concienciación, leyes más restrictivas e importantes operaciones policiales. Pero este negocio nunca muere. La producción de cocaína, un bien que en la calle ha llegado casi a triplicar el valor del oro, es demasiado golosa y ha encontrado una vía de escape en Perú, a donde se han trasladado los cultivos expulsados de Colombia.

Mientras el consumo se mantenga, mientras la demanda siga manteniendo su desorbitado valor, qué más da Colombia que Perú, Perú que Colombia. El Amazonas es el que sangra.

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