Minerales de sangre

Patrcia Ruiz

Lo llamán el “oro azul” por su color metalizado y su gran valor en el mercado negro internacional. La columbita-tantanita, más conocida como coltan, es un recurso mineral esencial para la construcción de aparatos móviles y nuevas armas tecnológicas como los misiles inteligentes. El 80% de las reservas mundiales se encuentran en la República Democrática del Congo, en donde su explotación y tráfico ilegal han provocado una guerra que, desde 1997, se ha cobrado la vida de más de cinco millones de personas.

Fotografía de Rob Lavinsky. Algunos derechos reservados.

La propia Organización de Naciones Unidas realizó un informe en el que corroboró la relación directa entre la exportación masiva del mineral y la financiación de las guerrillas. Los ejércitos de Uganda y Ruanda ocupan el territorio de la RDC y extorsionan y amenazan a los mineros para hacerse con el control del coltan. Así, mientras ambos países se enriquecen a costa del Congo, sus habitantes viven bajo condiciones infrahumanas y el país continúa siendo uno de los más pobres a nivel mundial.

La eterna ironía se mantiene: pese a ser uno de los países más ricos en términos de materia prima, es uno de los más pobres en términos económicos. A los mineros, entre los que se encuentran también niños, apenas se les paga a $10 el kilo de coltan, mientras que éste acaba siendo exportado un por un valor de más de $90. La diferencia va destinada a subvencionar la guerrilla.

Las consecuencias de esta situación se extienden también al entorno natural de la zona. La extracción indiscriminada del mineral ha provocado daños irreparables en el ecosistema, y la extinción de numerosas especies animales es inminente. La cada vez más exigente dinámica de mercado de la telefonía móvil y el aumento de la demanda de coltan que ésta genera ha obligado a mineros y esclavos a adentrarse en reservas naturales que se encuentran protegidas por la UNESCO, tales como el parque nacional de Okapi o el de Kahuzi-Biega. Como resultado la población de elefantes y gorilas de la zona se ha visto alarmantemente amenazada, no sólo por la drástica alteración de su hábitat natural sino también porque los propios soldados matan a los animales para comerciar con el marfil y su carne.

Las soluciones planteadas desde occidente poco han servido para paliar el conflicto. En abril de 2012 ciertas compañías pioneras de la industria electrónica, entre las que se encontraban Apple, Philips y Sony, formaron la EICC, una coalición con el apoyo de la ONU para anunciar que no aceptarían la compra de ningún mineral que no pudiera demostrar su total desvinculación con el Congo.

Pero lejos de mejorar, la situación continúa estancada. El estilo de vida occidental, en el que lo nuevo se vuelve obsoleto en cuestión de meses, reclama la renovación constante de los aparatos tecnológicos que dominan nuestro día a día. Esto no hace más que aumentar la demanda de minerales como el coltan, la cual resulta imposible de abastecer con recursos que no procedan de zonas de conflicto, al ser en éstas donde se encuentran más de las tres cuartas partes de los principales yacimientos mundiales. La obsolencia programada y percibida en este tipo de aparatos dispara el consumismo de la sociedad, repercutiendo negativamente no sólo en el medio ambiente, sino también en el agrandamiento de la brecha entre países ricos y pobres.

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