El consumo colaborativo se presenta como una alternativa al hiperconsumo

Sara Ramos.

La idea básica del consumo colaborativo, también llamado economía de la colaboración, es muy sencilla: se trata de compartir, regalar, intercambiar o subalquilar para ahorrar gastos. Más ampliamente podría definirse como el hecho de priorizar el acceso a bienes y servicios sobre la propiedad de los mismos. Iniciativas como esta han existido desde hace mucho tiempo con familiares, vecinos y conocidos, pero con la llegada de internet la colaboración se ha convertido existente a pequeña escala se ha convertido en una a gran escala que se está extendiendo imparablemente; no en vano la revista Time lo incluyó en “Las 10 ideas que cambiarán el mundo” en marzo de 2011.

Ray Algar quién utilizó por primera vez este término en un artículo publicado en Leiruse Report en 2007 y se comenzó a popularizar tras la publicación de What is mine is yours: The rise of collaborative consumption (Lo que es mío  es tuyo, el aumento del consumo colaborativo) y una de las co-autoras, Rachel Botsman dio una interesante charla para TED explicando en qué consistía. En España ha tardado más en instalarse este concepto, pero a partir de 2012 se ha comenzado a dejar oír, sobre todo en lo referido al transporte y al turismo.

Presentación del libro What’s mine is yours. Fotografía de acanyi. Algunos derechos reservados.

Esta iniciativa comenzó como un grito de socorro como el hiperconsumo en el que está sumergida la sociedad, basado en un comprar-tirar-comprar permanente. Se está popularizando la idea de que lo importante es acceder a las cosas, no poseerlas, sobre todo desde el inicio de la crisis económica, en la que la gente se preocupa más por el dinero que gasta y cómo lo gasta. Sin duda está produciéndose un cambio de mentalidad, como dijo a El País Albert Cañigueral, creador de la página web de consumo colaborativo, “Antes compartir era de pobres, ahora es de listos”

Según el libro antes mencionado podría hablarse de tres sistemas de consumo colaborativo: basados en el producto, en la redistribución y en los estilos de vida. Los primeros consisten en beneficiarse de un producto sin tener que adquirirlo; siempre fue común pedirle algo prestado a un amigo o a un vecino pero ahora esto se ha extendido. El ejemplo más claro sería, sin lugar a dudas el de compartir coche (en España contamos con dos plataformas principales, BlablaCar y Amovens), también podrían englobarse aquí la iniciativa de varios ayuntamientos de alquiler de bicicletas públicas por un módico precio al año, como el de Barcelona o Lyon.

El segundo sistema se basa en darle una segunda vida a aquéllos objetos que el usuario ya no utiliza gracias a los mercados de intercambio o de segunda mano, como No lo tiro, Segunda mano o, el más conocido de todos, eBay. Los defensores de este método creen que la R de redistribuir se configurará pronto como “la quinta R”, después de reducir, reutilizar, reciclar y reparar.

Sin duda la idea más innovadora es la de los estilos de vida, aunque quizás también la menos extendida. Aquí el proyecto líder sería el Couchsurfing o lo que es lo mismo, ofrecer a desconocidos un sofá o una cama para pasar unos días, algo extendido sobre todo entre los jóvenes. Pero no es la única, especial atención merecen también los huertos compartidos ecológicos, que ponen en contacto a gente que quiere trabajar la tierra con propietarios de campos de cultivo que se los ceden a cambio de compartir la cosecha; otro ejemplo sería el coworking, en el cual diferentes profesionales y PYMEs comparten una misma oficina y equipamentos para reducir los gastos o el intercambio de idiomas, dónde dos personas de diferentes nacionalidades se ponen en contacto para aprender diferentes lenguas, una iniciativa que muchas universidades ya han adoptado. Todos estos son tan solo algunos ejemplos de lo que el consumo colaborativo consigue, pero en la página antes mencionada de Cañigueral se puede encontrrar la lista completa de proyectos.

Aunque no sea la principal motivación de la gente para unirse al consumo colaborativo, en última instancia también se trata de una iniciativa ecológica, además de económica y social: si en vez de comprar algo me lo ceden, me lo prestan o lo adquiero de segunda mano se fabricará menos; si en vez de ir cinco personas en cinco coches diferentes van en el mismo el consumo de combustibles fósiles será menor.

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