Los Polos sufren cada vez más con el deshielo

Sara Ramos

La Antártica y el Ártico, los dos polos del planeta Tierra, el primero de ellos es el continente helado, completamente cubierto de hielo; el segundo, por su parte es un inmenso cascote de hielo en el cual viven numerosas especies de animales. La subida del mar en los últimos años -45 mm por año -, uno de los principales indicadores del cambio climático, es debido, sin lugar a dudas, al deshielo de las zonas congeladas del planeta, dos de las cuales son las anteriormente mencionadas; además, el paulatino calentamiento de los océanos no mejora la situación, cada vez más insostenible, de ambos Polos.

El hielo del ártico alcanzó mínimos históricos hace dos años, en verano de 2012, algo que no se esperaba que ocurriese hasta casi años después. Y ese no es el único dato alarmante: actualmente más de 400 barcos han cruzado el ártico, llegando a crearse incluso una ruta de transporte, pero hace tan solo cinco años no lo había hecho todavía ninguno, no les era posible debido al hielo, algo que ahora no es un impedimento, pues en los últimos 40 años la capa helada se ha reducido a la mitad en verano. La cosa sigue sin quedarse ahí: numerosas industrias petroleras y de gas trabajan en el ártico con frecuencia; no en vano Greenpeace sigue concienciando a la ciudadanía del peligro de éstas en el Ártico. Científicos esperan que en este siglo comencemos a conocer lo que es el Ártico sin hielo, pues vaticinan que alrededor de 2050 todo estará derretido durante los meses de verano; algo que sin duda hará que muchas especies se vean afectadas, como el oso polar o las morsas, entre otros, que verán variado su hábitat natural y que incluso podrían llegar a extinguirse si no consiguiesen adaptarse a los cambios que se están produciendo en el mundo.

Ártico. Fotografía de Juan Vidal Díaz. Algunos derechos reservados

Sin duda la situación no mejora si se tienen en cuenta las tensiones entre países por intentar apoderarse del ártico y, sobre todo, de sus recursos, puesto que a la mayoría de gobiernos no les interesa ocuparse de la gran masa de hielo, sino de lo que hay debajo de ella: reservas de gas, petróleo e incluso oro y uranio pueden aumentar considerablemente la riqueza del país que los controle. Rusia, Estados Unidos y China son los tres principales competidores, aunque también podrían entrar en el juego Canadá, Dinamarca y Noruega, ya que son ribereños del océano Ártico. No obstante hay que tener en cuenta que esto no le da derecho a ninguno de los países a controlar el Polo pues se trata de aguas internacionales y, por lo tanto, no pertenecen a ninguna nación.

A pesar de ello la competencia por el Ártico continúa, cada cual interesado en sus propias metas. Y no sólo esos países parecen interesados en el casquete polar, sino que empresas e industrias de todo el mundo parecen expectantes por que el deshielo continúe y les permita llevar a cabo sus planes. Incluso a España podría beneficiarle: empresas como Repsol podrían aprovecharse, así como la flota pesquera del país.

El hemisferio sur está gobernado por la Antártida. En este caso, al contrario de lo que ocurre en el ártico, se trata de un contintente, una gran masa de superficie terrestre cubierta enteramente por hielo, aunque esta situación está empezando a cambiar. El océano alrededor del continente ha comenzado a calentarse, favoreciendo el deshielo, y dos equipos de investigación han descubierto que la pérdida de los glaciares del oeste del contintente ya ha comenzado y es irreversible. De hecho, el satélite Cryosat ha ha registrado una disminución alrededor de 160.000 millones de toneladas de hielo al año desde 2010, año en que se puso en órbita. Y no sólo eso, sino que en la península Antártica –una zona del continente –el calentamiento global es de los más acusados del planeta.

La situación del continente blanco no se queda ahí. El Trineo del Viento, un vehículo eólico situado en Groenlandia que estudia y recoge datos del lugar -, ha descubierto que el ser humano está perturbando la biosfeta hasta tal punto que ha llegado a contaminar la Antártica sin prácticamente conocer nada acerca de ella: el aire, la nieve el agua y la vegetación muestran restos de pesticidas y bifenilos policlorados.

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