Un día sin carne

Patricia Ruiz

El movimiento Día Sin Carne (Meat Out Day en inglés) surgió en 1985 como una campaña de educación alimentaria para concienciar sobre las ventajas de una dieta vegetal y plantear alternativas a los productos de origen animal. Hoy, cerca de cumplirse su treinta aniversario, la iniciativa se ha extendido a nivel mundial, y entre sus logros destaca el haber conseguido que más de 30 millones de personas en América hayan dado una oportunidad al veganismo.

La reducción e incluso eliminación del consumo de productos de procedencia animal en la dieta ya es algo imprescindible para disminuir impactos y daños medioambientales. Así lo afirma el informe de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) International Panel of Sustainable Resource Management, que califica como “insostenible” la alimentación mundial actual basada en un alto consumo de carne, aún más considerando que “la población mundial en 2050 ascenderá a 9,1 billones de personas. Una reducción considerable de los impactos ambientales sólo sería posible con un importante cambio en la dieta mundial, alejada de productos de origen animal”.

Foto de PublicDomainPictures. Algunos derechos reservados.

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La biomasa y la producción de los cultivos para la alimentación de los animales contribuyen al calentamiento global tanto como la quema de combustibles fósiles. Es una de las principales razones que apoya la campaña: la protección del medio ambiente. La agricultura intensiva que sustenta la producción de alimentos para el ganado industrial es altamente contaminante. Es la responsable de la contaminación del agua por el uso de pesticidas, de la intensificación de la producción de transgénicos, del malgasto de agua y el deterioro de los suelos, entre otras.

La protección de los animales es otro de los motivos para unirse al movimiento. Más allá de las consideraciones personales acerca del asesinato animal para alimentarnos, lo cierto es que la ganadería industrial e intensiva favorece el trato vejatorio del ganado. El documental 10 Billion Lives* denuncia que para soportar el frenético ritmo de producción de carne industrial, las granjas no orgánicas condenan a los animales a vidas enjauladas en apenas dos metros cuadrados, explotan a las hembras como si de máquinas de reproducción se tratasen, se les corta el pico a pollos y gallinas, se sobrealimenta al ganado y se les inyectan hormonas de crecimiento, hasta que finalmente se les mata dejando que se desangren aun estando vivos durante la mayoría del proceso. Rompen la dinámica de la ganadería tradicional a pequeña escala, en la que el ganadero y los animales conviven de forma respetable, en amplios espacios abiertos, dentro de su entorno natural y sin alteraciones ni vejaciones de ningún tipo. Hace apenas unos días la ONG Igualdad Animal daba a conocer su investigación sobre el maltrato a los animales en las granjas de conejos* de nuestro país, denunciando que España también es parte del problema.

Pero no sólo sufren los animales. Los efectos nocivos del abuso de consumo de carne también repercuten en nuestra salud. Según la FAO, el consumo de carne en los países en desarrollo ha pasado de los 10 kilos anuales por persona en los años 60, a los 26 kilos en 1997, y se prevé que la cantidad aumente hasta los 37 kilos anuales por persona en el 2030. En la última década se han triplicado las cifras de casos de obesidad, quedando demostrado que el consumo excesivo de carne contribuye también al desarrollo de enfermedades como la diabetes, el cáncer, colesterol alto, presión arterial y enfermedades cardiacas. Los expertos en nutrición no recomiendan exceder la proporción de 3 comidas de carne a la semana y recalcan que un abuso en su consumo provoca la reducción de la ingesta de frutas, verduras y hortalizas. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, afirma que “la ingesta insuficiente de frutas y verduras es una de los 10 factores principales de riesgo de mortalidad a escala mundial” y que “un consumo suficiente de frutas y verduras podría salvar hasta 1,7 millones de vidas cada año”.

Y es que en última instancia también hablamos de las vidas de millones de personas que sufren las consecuencias de la injusticia social. A la producción ganadera se destina el 70% de la superficie agrícola y el 30% de la superficie terrestre del planeta, por lo que la ganadería industrial propicia la distribución ineficiente de tierras y recursos. Desde haztevegetariano.com aseguran que “para producir un kilo de carne se requieren 7 kilos de cereal/grano. Con un kilo de carne alcanza para alimentar a 8-10 personas, en contraste con las más de 100 que podrían alimentarse con los 7 kilos de cereal/grano”.

Hoy en día se habla ya del “boom” del vegetarianismo y del veganismo, pero la mayoría de la sociedad sigue considerandolas como corrientes ajenas a sus costumbres. Queda demostrado que la reducción del consumo de carne contribuye a mejorar nuestra calidad de vida, a cuidad de manera responable el planeta, a promover una mayor justicia social y a evitar el maltrato animal. Anna Lappe, una de las mayores expertas en alimentación sostenible afirmó: “cada vez que gastas dinero, emites un voto por eltipo de mundo que quieres”. El movimiento Día Sin Carne promueve esa filosofía y aboga por el consumo responable de alimentos, al tiempo que recuerda que somos los ciudadanos los que determinamos, con cada una de nuestras acciones, el curso del mundo.

*Las imágenes mostradas en ambos vídeos contienen un fuerte contenido explícito y pueden dañar su sensibilidad.

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