El 79% de las orquídeas “zapatilla de dama” se encuentran en peligro de extinción

Attua Alegre Paiz

Se ha cumplido el 50º aniversario de la Lista Roja de Especies Amenazadas que elabora cada año la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) con la alerta sobre la situación de peligro de extinción que padecen el 79% de las  orquídeas “zapatilla de dama” que viven en climas templados. Las causas principales se corresponden con la destrucción de su hábitat y la recolección excesiva de especies salvajes con fines comerciales a nivel local e internacional.

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Foto por BerndH. Algunos derechos reservados.

Pese a existir una normativa que regula el comercio de estas populares plantas ornamentales, las malas prácticas las han conducido a esta situación de grave riesgo. La evaluación realizada por la UICN se ha llevado a cabo en América del Norte, Europa y las zonas templadas de Asia, y se ha evidenciado que el coleccionismo es uno de los principales culpables del fomento de un tráfico ilegal que incluye asaltos a colecciones públicas, privadas y jardines botánicos, y alianzas con maras y narcotraficantes, especialmente en América. Precisamente en este continente, concretamente en el estado mejicano de Yucatán, se denunció el día 2 de junio el robo de cientos de plantas de orquídeas y bromelias de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA), así como la destrucción del Museo Viviente de las Orquídeas que había en el interior del recinto; algunas de estas plantas se encuentran extintas en sus hábitats naturales.

Por lo tanto, estas orquídeas, caracterizadas por su forma de zapatilla y la capacidad de atrapar insectos para asegurar la polinización, además de decorar nuestros hogares y formar parte de importantes colecciones, comparten una situación de alto peligro de extinción. Entre el sureste de China y Vietnam solo quedan cien individuos de una especie; en Méjico, Guatemala y Honduras se sabe que existen poblaciones muy pequeñas de otra. En España,  el “zapatito de dama” (Cypripedium calceolus) y la orquídea de Tenerife (Himantoglossum metlesicsianum) se encuentran catalogadas oficialmente en peligro de extinción. La primera se mantiene en bosques húmedos del norte peninsular  con cinco poblaciones repartidas entre Aragón y Cataluña, superando por muy poco los mil ejemplares. Por otro lado, la orquídea de Tenerife, especie endémica de la isla y con tres poblaciones que agrupan a 1.300 individuos, sufre las mismas consecuencias de la actividad de pastoreo, las pisadas, la creación de carreteras y el coleccionismo.

Además de estas dos especies, el Atlas y el Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España destaca la situación de la “orquidia de Prat” con una única población en Mallorca, y la “raíz de coral” que cuenta con 48 ejemplares en una hayedo pedregoso de Huesca. En total, cuatro de las ochenta especies de orquídeas que habitan en nuestra geografía se encuentran en situación alarmante de peligro. Además de las orquídeas, la última actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas avisa que el 90% de los lémures se encuentra en peligro de extinción, que la anguila japonesa está clasificada como Amenazada y el armadillo de tres bandas del Brasil ostentando la calificación de Vulnerable.

Exfoliando el medio ambiente

A medida que han ido pasando los años y se ha observado cómo los productos obtenidos con mano de obra urbana (plásticos, aceites, detergentes…) han ido afectando ríos y océanos, las zonas con mayor afluencia de desechos, las medidas para preservar el medio ambiente han crecido.

Foto por Jem Hologram. Algunos derechos reservados.

Foto por Jem Hologram. Algunos derechos reservados.

El problema es que existen objetos de un tamaño tan pequeño que ni siquiera se piensa en el daño que pueden causar. Este es el caso de los gránulos plásticos localizados en las cremas exfoliantes.
Hace medio año, el Marine Pollution Bulletin -un boletín creado por 5 Gyres Institute que estudia anualmente  la acción contaminante de miles de productos humanos – describió la manera en que estas micro partículas estaban saturando los Grandes Lagos estadounidenses: el Lago Ontario cuenta ya con más de un millón de micro partículas por kilómetro cuadrado y el Lago Michigan con una media de 17.000. Según Marcus Eriksen, Director de Investigación del 5 Gyres Institute, estas cantidades “superan a las obtenidas en las muestras de todos los océanos”.

Se trate del acuífero del que se trate, las partículas de polietileno son demasiado pequeñas para ser filtradas antes de llegar a él, y por tanto, son arrastradas por el agua depurada y depositadas en el fondo. La ruta para afectar a todo un ecosistema es la siguiente: en primer lugar, las partículas cubren y ahogan las plantas del fondo para ser posteriormente confundidas por algunos organismos como alimento, pasando a sus estómagos y llevándoles finalmente a morir debido a la incapacidad de ser digeridas. Por último, algunos de estos seres terminan descomponiéndose y liberando el polietileno y otros sirven de alimento a peces más grandes, y así sucesivamente, hasta contaminar toda la cadena alimenticia.
Otro problema que surge es que estas partículas actúan como una esponja para fueles, aceites y pesticidas: absorben las toxinas y las transportan a lo largo de las corrientes.

El plástico no es biodegradable y aunque sea troceado en tamaños aún más microscópicos, especialmente en océanos, no es eliminado por completo. Además, durante el proceso se liberan elementos químicos tóxicos, como el bisfenol A o el poliestireno.
A parte de resultar una trampa para los seres vivos que se quedan enredados en él, la polución es altamente dañina para grandes mamíferos marinos al ser estos los que más plástico acumulan en sus estómagos.
Como medida alternativa, varias marcas cosméticas – St. Ives, Dove, Axe, Colgate y Johnson & Johnson– han prometido haber eliminado por completo los gránulos en 2015 mientras que varios estados de EEUU y países de la UE han comenzado a planificar medidas legales para evitar el uso de estos.

Para colaborar en la reducción de cosméticos dañinos, pueden llevarse a cabo algunos pasos desde casa: evitar productos desechables o que se utilicen una única vez, hacer uso de aquellos cosméticos que carezcan de envoltorio o caja de presentación ya que influye en el gasto innecesario de recursos, evitar productos en frascos pequeños y empezar a incluir en los cosméticos diarios aquellos que tengan origen ecológico y participen en la sostenibilidad del planeta.

Pintar el hogar: ¿es contaminante?

Virginia Villaplana

Con la llegada del verano, muchos aprovechan los días de clima soleado, el tiempo libre y el buen humor para darle un toque diferente a su casa. Redistribuir los muebles y los objetos decorativos es una buena opción y la más económica -gratuita, de hecho-, pero también hay quienes optan por un cambio de color en las paredes y en la atmósfera de su hogar.

Si bien es aconsejable tener en cuenta el efecto de los colores en la psicología humana, las modas suelen ser un elemento de gran influencia a la hora de escoger un matiz de color u otro. Así, este año las paredes blancas pierden protagonismo para dejar paso a azules o violetas, a paredes cálidas de tonos tierra, o al minimalismo de colores como el gris y el negro combinados con un mobiliario de llamativos colores neón.

Pero además del color, es necesario valorar otras características de la pintura, como es el caso de su composición, puesto que de ello dependerá el resultado final y especialmente, la elección de unos compuestos químicos u otros podrá ayudar o no a preservar el medio ambiente.

Tipos de pintura

  • Pintura sintética: Se trata de la pintura convencional a base de aceite. Sus ventajas son su mayor brillo especialmente en materiales metálicos, una mayor durabilidad y facilidad de expandir la pintura. Sin embargo, cuenta con más desventajas, pues está compuesta por productos sintéticos derivados de la industria petroquímica como el cadmio, plomo o mercurio, que durante su utilización, en el proceso de secado e incluso semanas después, liberan compuestos orgánicos volátiles como el xileno, tolueno, fenoles y formaldehídos, que desprenden un fuerte olor y son perjudiciales para el medio ambiente y la salud de las personas. Además, su secado es más lento que el de otras pinturas y el color blanco se torna amarillento con el tiempo.
  • Pintura acrílica: Debido en parte a las nuevas normativas medioambientales, se han desarrollado otros esmaltes menos perjudiciales con acabado en agua en lugar de aceite. Entre sus ventajas está su rápido secado, su escaso olor, la conservación del blanco original, su facilidad de aplicar con rodillo, espátula o brocha, y su alta resistencia a factores atmosféricos, por lo que cada vez es más común el uso de este tipo de esmalte en la construcción. Sus desventajas con respecto a los esmaltes sintéticos es su menor brillo y durabilidad, aunque cada vez más se está trabajando para subsanar estos problemas.
  • Pintura ecológica: Son productos que cumplen plenamente con la normativa europea en materia medioambiental y que se caracterizan por no contener disolventes orgánicos volátiles tóxicos, lo que garantiza la seguridad para la persona que pinta o barniza y para el medio ambiente. Se componen principalmente a base de aceites vegetales como el lino, las resinas naturales o la caseína, y a base de cítricos o silicatos cuando son para exteriores. A su vez los pigmentos no contienen metales pesados. También existen productos que son lavables pensados especialmente para baños y cocinas. Algunas marcas de pinturas ecológicas son: Naturhaus, Livos, Biofa y Biofusta, Ecoquimía, PNZ de Ecopinttors o la línea verde de la conocida Titanlux.
  • Pintura contra la contaminación: La industria química no solo avanza hacia productos de naturaleza no contaminante, sino que ya se han desarrollado pinturas que neutralizan las sustancias contaminantes. Los artífices de este invento fuero un equipo de la Universidad alemana de Erlangen en Nuremberg, que junto a dos empresas privadas, desarrollaron una pintura que funciona de modo similar al proceso de fotosíntesis de las plantas. Está compuesta por pigmentos de dióxido de titanio que al aplicarse en superficies, absorben la energía de los rayos ultravioletas y al contacto con el aire se desatan enlaces de oxígeno que disocian las moléculas contaminantes. Experimentos posteriores demostraron que las sustancias contaminantes en una oficina pintada con este tipo de pintura disminuían en pocos días en un 80%.

 

La población de la pardela chica de Canarias disminuye un 60% en los últimos años

Attua Alegre Paiz

En los últimos diez años la población de la pardela chica (un ave procellariiforme) en el archipiélago canario ha descendido un 60%. El último censo realizado a finales de los 80 databa unas 400 parejas. La noticia ha alertado grupos de biólogos y organizaciones ecologistas como SEO/BirdLife para la conservación y recuperación de esta especie.

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Fotografía de SEO/BirdLife

La pardela chica del norte o pardela macaronesia (Puffinus baroli) mantiene sus principales poblaciones en los archipiélagos atlánticos de Cabo Verde, Canarias y Madeira. La reducción severa de sus poblaciones aún está siendo estudiada, aunque según  Marcel Gil, uno de los directores del proyecto “Canarias con la mar”, un programa destinado al estudio de vertebrados marinos, se debe, sobre todo, a la introducción de depredadores en sus hábitats –gatos y ratas principalmente- y a la introducción de alumbrados eléctricos cerca de las zonas de anidamiento, desorientando las aves jóvenes cuando abandonan el nido para adentrarse en el mar. Su población en las islas se concentra El Hierro, Tenerife, La Gomera, Fuerteventura y Lanzarote y, en menor medida, en La Palma y Gran Canaria, aunque el principal enclave sigue siendo el archipiélago Chinijo con nidos en Montaña Clara y, sobre todo, Alegranza.

Gil explicó en una entrevista a EFE que, pese a estar tipificadas como “en peligro” en el “Libro Rojo de las Aves”, esta categorización no presenta “implicaciones administrativas”. Sin embargo,  aparece como “vulnerable” en el Anexo I de la Directiva de Aves: “Oficialmente no está en peligro y por ello no se destinan tantos recursos a su conservación”, ha añadido. Pese a todo, tal y como indican Beneharo Rodríguez (delegación de Canarias de SEO/BirdLife) y Airam Rodríguez (departamento de Ecología Evolutiva, Estación Biológica de Doñana (CSIC)) en un artículo publicado en el número 14 de Aves y Naturaleza, la situación que vive esta especie es límite; su población en algunos rincones del archipiélago canario como la Isla de Lobos, donde eran abundantes, ha desaparecido.

El proyecto “Canarias con la mar”, realizado por el grupo de Investigación de Cetáceos junto a la Universidad de La Laguna (Tenerife), cuenta con la dirección en el área de aves de los biólogos Marcel Gil y Juan Bécares y por la doctora Natacha Aguilar en cetáceos. Gil reconoce que frenar la disminución poblacional de la pardela chica es muy complicado: “puede que se haya llegado tarde, hay que exprimir hasta la última opción que quede para conservarla”. De momento, este grupo de especialistas ha comenzado una nueva estima poblacional junto a una actualización del área de distribución en tierra y mar, y el próximo invierno realizarán marcajes de GPS en algunos ejemplares. Otra de las fases del trabajo es la valoración de las causas de este declive, así como la observación directa de todas las colonias localizadas. Uno de los objetivos finales y primordiales para  contar con más medios para su conservación y restauración es conseguir que se clasifique oficialmente “en peligro”.

Guía para el consumidor responsable: el etiquetado ecológico

Patricia Ruiz

La mayoría de los consumidores consideran importante que las empresas sean respetuosas con el medio ambiente, y muchos de ellos se guían por las etiquetas que lo certifican en sus productos. Así lo aseguran los últimos resultados del mayor estudio sobre conciencia ecológica en los consumidores, The 2011 Green Brands survey. Y es que aunque los motivos varían desde el comprador “eco-chic” hasta el más concienciado, la tendencia es más que clara: lo verde mola, y vende.

 Como era de esperar, las empresas no han tardado en adaptar su imagen de marca para resaltar su faceta más respetuosa con el medio ambiente. Desde 2009, el número de productos que dicen ser más “verdes” ha aumentado en un 73%. Etiquetas verdes, logotipos con animales amigables y slogans con palabras como “natural” y “fresco” encabezan los envases de los supermercados. Pero, ¿qué de todo ello es verdadero, certificado y relevante?

 El vacío legal en lo referente al etiquetado ecológico es considerable. Las propias marcas y organismos privados pueden diseñar logotiopos y etiquetas sin certificación alguna aprovechando la falta de normativa. Es lo que se conoce como Greenwashing. Pese a ello, existen ciertas etiquetas que sí que cuentan con certificación oficial y que prueban la responsabilidad ambiental de los productos durante todo su ciclo de vida.

EU Ecolabel. Todos los derechos reservados.

EU Ecolabel. Todos los derechos reservados.

Ecoetiqueta de la Unión Europea

Desde 1982 la Unión Europea otorga esta etiqueta a los productos que puedan probar su bajo impacto ambiental tanto en su producción como en su distribución, uso y deshecho. Quedan descartados los alimentos, las bebidas y los productos farmacéuticos. Los principales grupos que pueden obtener el sello de la UE son los productos informáticos, electrodomésticos, productos de limpieza, jardinería y bricolaje, colchones, zapatos, ropa y productos de papel. Aquí se puede acceder a la lista de requisitos y criterios de concesión.

 

 

 

Etiqueta de Agricultura Ecológica UE. Todos los derechos reservados.

Etiqueta de Agricultura Ecológica UE. Todos los derechos reservados.

Sistema de control CE para la Agricultura Ecológica

El equivalente en alimentos ecológicos de la UE es esta etiqueta, que garantiza que todo producto que la lleve ha sido sometido a una inspección mediante la que se prueba que: el 95% (como mínimo) de los ingredientes del producto se han producido con métodos ecológicos, procede directamente del productor o transformador y se presenta en un envase sellado, llevando el nombre del productor, elaborador o vendedor. A nivel nacional, en España son las comunidades autónomas las que tienen competencia para ejercer control sobre la certificación ecológica de los productos.

Sello Fairtrade. Todos los derechos reservados.

Sello Fairtrade. Todos los derechos reservados.

FAIRTRADE

Los productos con el sello de Comercio Justo garantizan que los productores del Sur han recibido un salario digno, unas condiciones de trabajo que respetan los derechos humanos y el medio ambiente, sin ninguna contribución a la explotación laboral o al trabajo infantil. Además, prueban que el origen “justo” de los productos se comprueba regularmente, y que la calidad de los mismos es alta, debido a su manufacturación artesanal. Comprando productos con la etiqueta FAIRTRADE estaremos además contribuyendo a una mejora en las condiciones de vida de los productores de países en vías de desarrollo gracias a la asignación de primas que se destinan a la inversión en servicios básicos como la sanidad, la educación o la vivienda.

Foto de Cultivate Oxford. Algunos derechos reservados.

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Producto Orgánico

La certificación de que un producto es orgánico puede ser expedida por diferentes organismos de certificación que acatan distintas normas, aunque la Unión Europea ya prohibió el uso de la palabra “orgánico” en productos que carezcan de tal certificación. Según la FAO, “la etiqueta de determinado organismo de certificación, por lo tanto, informa al consumidor del tipo de normas que se han cumplido durante la producción y elaboración, así como del tipo de reconocimiento que el organismo de certificación otorga”. En el plano internacional es el Servicio Internacional de Acreditación Orgánica el que acredita los organismos de certificación bajo los criterios del International Federation of Organic Agriculture Movements (IFOAM). Desde IFOAM definen la agricultura orgánica como “un sistema de producción que mantiene y mejora la salud de los suelos, los ecosistemas y las personas. Se basa fundamentalmente en los procesos ecológicos, la biodiversidad y los ciclos adaptados a las condiciones locales, sin usar insumos que tengan efectos adversos. La agricultura orgánica combina tradición, innovación y ciencia para favorecer el medio ambiente que compartimos y promover relaciones justas y una buena calidad de vida para todos los que participan en ella”.

Productos BIO

No existe una etiqueta oficial para los productos biológicos. Sin embargo, tras la modificación de la ley en 2005 se requiere la certificación de agricultura ecológica para la inclusión de la palabra “BIO” en cualquier producto.

Sello Made in Green. Todos los derechos reservados.

Sello Made in Green. Todos los derechos reservados.

Made in Green

Es un sello de AITEX (Asociación de Investigación de la Industria Textil) para la ropa y otros productos textiles. Prueba que su procedencia es ecológica, que no incluye productos y que se ha fabricado en centros que respetan los derechos de los trabajadores. En su página web AITEX describe su criterio: “que todas las empresas o centros de producción de la cadena de valor que intervienen en la fabricación del producto para su elaboración, desde la hiladura, pasando por tejeduría, tintura y acabados y confección, tengan implantados y certificados por una entidad u organismo externo e independiente de reconocido prestigio, un sistema de gestión ambiental y un código de conducta y de responsabilidad social.”

Estas son sólo algunas de las etiquetas cuya certificación está probada y que pueden guiar al consumidor hacia un consumo responsable. Apoyando aquellos productos que cuenten con el respaldo del etiquetado ecológico oficial, emitimos un voto sobre el tipo de mundo que queremos, y guiamos a las empresas hacia una producción respetuosa. Sin embargo, cabe también destacar que numerosos productos de procedencia ecológica pueden no contar con etiqueta alguna. La lista de las citadas en este artículo son una buena guía para productos encontrados principalmente en supermercados o grandes almacenes. La compra de productos de producción local y responsable es también una opción imprescindible para todo aquel que quiera sumarse al consumo ecológico.