El Movimiento verde español gana escaños en Europa

Virginia Villaplana

El resultado de las elecciones europeas celebradas en España el pasado domingo ha puesto sobre la mesa el auge de partidos minoritarios entre los que se incluyen los ecosocialistas de La Izquierda Plural (6 escaños), o la coalición de partidos ecologistas, izquierdistas y nacionalistas unidos en Primavera Europea (1 escaño). Mientras tanto, la victoria el PP ha resultado amarga, pues sumando a los votantes del PSOE, ambos partidos no han conseguido siquiera el 50% de los votos.

Aunque más de la mitad de la población española ha optado por la abstención de voto, éste no ha sido el mayor problema al que se enfrentan los dos grandes partidos, pues lejos de sus temores iniciales, la participación ha sido incluso algo superior que en 2009. En realidad, ha sido el desencanto de la población con la situación actual  lo más destacado en estas elecciones, donde los votos muestran el intento de cambiar el bipartidismo por una renovación de caras en la política.

La Izquierda Plural

En esta renovación de representantes europeos se incluyen las coaliciones formadas por ecologistas. Tras PP y PSOE, la que encabeza la lista de partidos según número de escaños conseguidos es La Izquierda Plural, constituida por los partidos de ámbito estatal Izquierda Unida (IU),  Confederación de Los Verdes y Construyendo la Izquierda-Alternativa Socialista, además de otros tantos de ámbito autonómico.

Pese a las críticas sobre la oportuna unión de Izquierda Unida con la ecología, y sobre la falta de discurso ecologista en los mítines de Izquerda Plural, el candidato en la lista del partido Ernest Urtasun defiende que “la ecología es la ausente del debate político en esta campaña, pero si alguien la está situando en la agenda somos nosotros”. Lo cierto es que la estrategia de los izquierdistas de aliarse con el medio ambiente parece haber favorecido el resultado electoral, pues sus escaños se han triplicado e Izquierda Plural cuenta con 6 diputados en el Parlamento Europeo, un resultado que aún podría haber sido mayor de no ser por la irrupción del partido Podemos del mediático profesor universitario Pablo Iglesias.

Primavera Europea

También ha conseguido representación parlamentaria el partido ecologista Equo a través de la coalición Primavera Europea que conforma junto al también ecologista  Coalició Compromís (Compromís) y junto a Chunta Aragonesista (CHA), Democracia Participativa (Participa), Por Un Mundo Más Justo (PUM+J), Partido Castellano (PCAS), Socialistas Independientes de Extremadura (SIEX) y Coalición Caballas (Caballas).

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Florent Marcellesi, miembro de Equo. |Foto por EQUO_ |Algunos derechos reservados

Según Florent Marcellesi, el número dos de Primavera Europea y principal representante de Equo, los partidos integrantes de su coalición defienden la solidaridad, la ecología y la democracia como principales valores para salir de la crisis en que está sumida Europa. Equo, además, forma parte del Partido Europeo Verdes/ALE, que ha mantenido los 55 escaños que consiguió en las pasadas elecciones de 2009 y se sitúa de nuevo en el quinto lugar con respecto a partidos europeos con mayor número de diputados.

Ciutadans y Carolina Punset

Por otro lado, también ha conseguido gran protagonismo en el panorama parlamentario europeo el partido catalán Ciutadans, que ha obtenido 2 escaños en España. La que figura como número tres del partido es la ecologista Carolina Punset, quien defiende junto al resto de miembros “una Europa de los ciudadanos en la que no haya cabida a actitudes retrógradas y populistas”, y la lucha contra el nacionalismo catalán. El partido no tiene una línea ecologista, pero la trayectoria de Carolina Punset en políticas amigas del medio ambiente puede dejar marca en la ideología del partido.

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Universitarios ecologistas: una especie en peligro de extinción

Virginia Villaplana

En las universidades púbicas de Madrid cada vez es menor el número de asociaciones ecologistas. Solo cinco de las 300 asociaciones formadas en la UAM, UCM, UC3M y la UPM se ocupan exclusivamente de la materia medioambiental. Y en especial, entre las 45 asociaciones de la Universidad Carlos III, las creadas para la defensa del ecologismo brillan por su ausencia. ¿Acaso se ha perdido la preocupación por el medio ambiente entre los estudiantes universitarios?

Esta cuestión fue el tema a tratar el pasado martes en la mesa redonda: “Ecologismo en la universidad. Antecedentes y perspectivas de futuro”, acto co-organizado por EQUO Universidades Madrid y la Fundación EQUO. Justamente, se escogió la universidad con cero asociaciones ecologistas para llevar a cinco voces verdes: Inmaculada Torres Cachinero, de Greenpeace España; Alberto Fernández Lop, de WWF España; Nerea Ramírez Piris, coordinadora de Ecologistas en Acción; Juan Carlos Atienza, director de conservación de SEO/BirdLife, y Alejandro Sánchez Pérez, director de la Fundación EQUO.

De derecha a izquierda, según la descripción del párrafo anterior.

De derecha a izquierda, según la descripción del párrafo anterior.

No fue de extrañar, por tanto, que los contertulios casi superasen en número a los diez escasos alumnos que estuvieron presentes aquella tarde en el aula de Getafe. Y tampoco resultó extraño que una de las primeras frases del representante de WWF fuese “La universidad refleja la sociedad que tenemos fuera”. Pero entonces puede surgir la duda de si es que no existe esa conciencia ecologista entre los jóvenes, o existe pero no hay tiempo de materializarla en una asociación. Nerea Ramírez explicó las grandes dificultades que tenía para hacer cosas con estudiantes de la Universidad Autónoma por falta de constancia. “Cuando no se van de Erasmus, tienen que estudiar, y si no, es porque llega el verano y se marchan…”.

ANTECEDENTES

Durante los años 80, las universidades fueron la cuna de las principales organizaciones ecologistas. Los líderes del futuro nacerían de asociaciones universitarias. Ya en el Tratado de Río se hizo hincapié en la importancia del papel de las universidades en el discurso ecologista. El miembro de SEO/BirdLife extrapoló aquí la frase de Arquímedes: Dadme una palanca y un punto de apoyo, y moveré el mundo, “en este caso, la palanca son las organizaciones ecologistas, pero éstas necesitan apoyarse en un punto de apoyo, que es la universidad.” Para Juan Carlos Atienza, la universidad por un lado tiene la capacidad de recopilar toda la información desde las investigaciones, y además, tiene la responsabilidad de formar a la sociedad. “Siempre tiene más responsabilidad quien más formación tiene”, decía.

Un primer inconveniente defendido en general, era la tradición ecologista por parte, únicamente, de las ramas de ciencias naturales, y la falta de preocupación por este ámbito por parte de las demás ramas, cuando en realidad el futuro del Planeta es un tema que debería englobar todos los saberes. “Ahora, la economía engloba los límites del planeta; o por ejemplo, en una manifestación, a la frase porque violan los derechos humanos se añade: y los de la Tierra”, decía la representante de EEA.

También hablaron sobre el problema de la reposición. Es positivo que lleguen nuevos estudiantes porque de esta manera siempre hay nuevas ideas y se amplía el grupo, pero a su vez, se mencionaba la necesidad de crear núcleos de cátedra, profesores que motiven a los alumnos y que mantengan una unidad en el grupo. No obstante, en los años 80 también se reponían los alumnos y aun así, las asociaciones fraguaban. Así que, tal vez habría que buscar otras causas del problema.

“Quizá ahora se tomen más en serio la universidad por las menores oportunidades laborales que encuentran fuera los estudiantes”, decía Alberto Fernández Lop. La coordinadora de Ecologistas en Acción, que había llevado a cabo la revisión de los libros de texto y documentos oficiales de las universidades, mostró a través de su conclusión acerca del Plan Bolonia una posible causa de la inactividad de los jóvenes en la actualidad: “Sí, todos esos documentos dicen que el desarrollo sostenible es muy bonito, pero en realidad solo se habla de responder al mercado, hasta el punto en que el Plan Bolonia defiende que las investigaciones universitarias solo tienen valor si pueden llegar a satisfacer al mercado”.

PERSPECTIVAS DE FUTURO

Inmaculada Torres, de Greenpeace, proponía recuperar los tiempos pasados de asociación ecologista en las universidades, y traerlos al presente, donde los nativos digitales podían brindar grandes oportunidades al ecologismo. Además, hizo hincapié en la riqueza que podrían aportar ramas de lo social al pensamiento ecologista.

El representante de WWF, por el contrario, veía en las Redes Sociales un obstáculo para la parte humana que precisa una organización. “El cara a cara, compartir momentos, la presencia física en la universidad…es fundamental”.

En cuanto al proceso de privatización de centros educativos, los ponentes ven un futuro asociacionista aún más complejo de lo que es, pues sería más difícil llegar a los universitarios.

Sin embargo, Alejandro Sánchez, de EQUO, insistió en la necesidad de hacer grupos universitarios por las facilidades que se pueden encontrar en las facultades (aulas disponibles, profesorado desmotivado pero dispuesto a participar y una cantera inagotable de jóvenes cuya edad les pide la participación).

CONCLUSIONES GENERALES

Tras la puesta en común de comunes y enfrentados puntos de vista, y después de las preguntas y activas propuestas de los asistentes, se pudieron poner sobre la mesa las siguientes conclusiones:

  •  Necesidad de hacer red con otras universidades.
  •  Búsqueda de un punto de apoyo en el profesorado.
  • Enriquecimiento del ecologismo mediante la unión de diferentes ramas del saber.
  • Posibilidad de conseguir metas con poca gente y gran dedicación (como está ocurriendo con los pequeños grupos de EEA).

Pese a la escasa asistencia al acto, la intención de crear una asociación ecologista interuniversitaria ya está manos a la obra, y puede que con gran éxito, pues las conciencias ecologistas son más de las aparentes. El siguiente paso es que se unan.

La política del mañana

Andrés Stumpf- Artículo de opinión 

La ecología no es apolítica. Como ya declaró Juan López de Uralde, portavoz de Equo, en este mismo medio, la ecología va más allá de “la defensa de las flores y de los pájaros“. Es por ello, que se entiende que, entre las preocupaciones de esta materia, se encuentren también la defensa de los Derechos Humanos y la lucha contra la pobreza.

A mi modesto entender, la ecología es una forma de concebir el mundo igual que lo es cualquier otro tipo de política. Las tendencias políticas únicamente determinan diferentes visiones y soluciones para una misma situación. Es el camino que sus ideólogos y líderes creen que un Estado, o cualquier otra demarcación geográfica que se os ocurra, debe recorrer para mejorar el bienestar de sus ciudadanos.

Atendiendo a este concepto, habrá personas que argumenten , con razón, que el grueso de la ecología no se encarga de mejorar el bienestar de los ciudadanos, sino el de la Tierra. Bien, a estas personas únicamente les diría que mirasen el largo plazo. En él, lo que ahora es la preservación de los animales y las plantas, es la posibilidad de que nuestros descendientes hereden unas condiciones de vida como mínimo similares, si no mejores que las nuestras.

Si se agotan los recursos, si se destruye el entorno, la capacidad productiva de las futuras generaciones se irá al traste, y con ella el nivel de vida que tras años de desarrollo hemos alcanzado. Si las políticas de izquierdas buscan lograr la equidad y garantizar unas mínimas condiciones de vida, de tal forma que todos partan con las mismas oportunidades de éxito independientemente de la suerte de su lugar de nacimiento o economía, las políticas verdes van mucho más allá. No sólo se busca la igualdad de oportunidades luchando ahora activamente contra la pobreza, sino que se piensa también en las condiciones de las futuras generaciones.

La defensa de la Tierra no se lleva a cabo únicamente por bonita y especial, que también. Se realiza porque será el entorno en el que se desarrolle o se hunda nuestro futuro. Muchos quieren lo mejor para sus hijos, para sus nietos, pero ¿y los bisnietos?, ¿y los tataranietos y todos esos familiares que seguirán viviendo cuando ya no estemos?

La política verde defiende su futuro, la economía verde su nivel de vida, todo ello incluso antes de nacer, pues es la única forma. Por eso creo que la ecología no es ajena a la política y que la defensa del medio ambiente trasciende a las políticas de izquierdas y de equidad hasta ahora conocidas.

“Que se cambie el Producto Interior Bruto por la Felicidad Interior Bruta”

Laura Sáez y Andrés Stumpf

Juan López de Uralde, también conocido como Juantxo, ha dedicado su vida a la defensa del medio ambiente. Empezó siendo muy joven y, tras liderar numerosas campañas, desde 2001 hasta 2010 ha sido el Director Ejecutivo de Greenpeace España. Ahora es portavoz de Equo, un partido político con el que pretende que la gente entienda que la ecología no es “la defensa de las flores y los pájaros”, sino que se trata de un concepto mucho más amplio.

Los activistas se encuentran muchas veces en el margen de la legalidad, mientras que un político debe atenerse a ella. ¿Cómo se pasa de un extremo a otro?

Bueno, yo no creo que sean extremos, es decir, son distintas formas de entender la misma lucha, ¿no? En lo que se refiere a la sostenibilidad, el medio ambiente y el ecologismo, que es en lo que yo he trabajado más, desde las organizaciones activistas lo que se hace es llamar la atención sobre esos problemas. Desde un partido lo que pretendemos es llevar propuestas, alternativas y soluciones a las instituciones para que vayan adelante. Por lo tanto, yo creo que son dos caras de una misma moneda que se complementan, y no es dificultoso ni traumático ese paso.

¿Usted echa de menos el activismo?

No, yo tengo muchos amigos, he dejado atrás muchas experiencias, y desde luego tengo un gran recuerdo del trabajo que hice, y sin embargo lo que hago también me parece apasionante. En ese sentido estoy también muy contento con lo que hago.

¿Cree que la sociedad española está lo suficientemente concienciada como para que un partido ecologista como Equo sea realmente una fuerza potente?

Juantxo en su despacho de Equo Foto por Andrés Stumpf

Juantxo en su despacho de Equo
Foto por Andrés Stumpf

Yo creo que si conseguimos darnos a conocer y que la gente conozca nuestras propuestas y alternativas, y sobre todo conseguimos convencer a la gente de que la ecología política es mucho más que la defensa de los pájaros y de las flores, que hablamos de economía, que hablamos de empleo, que hablamos de industria, que hablamos de alternativas de transporte, que hablamos de una forma de producir alimentos, que hablamos de agricultura, que hablamos de pesca… Es decir, en la medida en que seamos capaces de entender que detrás de la ecología política hay una alternativa económica, yo creo que el apoyo irá en aumento.

¿Cree que Equo tendría capacidad para llevar un gobierno en solitario, o está más enfocado a una coalición?

Bueno yo creo que Equo ahora, no nos engañemos, es una fuerza pequeña, y por lo tanto todavía no tenemos todas las herramientas y mecanismos, ni las personas, que serían capaces de llevar un Gobierno. Pero aspiramos a serlo, aspiramos a ser una fuerza de gobierno como lo son Los Verdes en otros países europeos. En ese sentido, en el corto plazo lógicamente nosotros aspiramos a entrar en las instituciones, pero el objetivo final es efectivamente gobernar, ¿no? Nosotros nos hemos metido a llevar este proyecto con la idea de tener presencia institucional, no simplemente simbólica.

Usted defiende que un crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos es inviable, pero para eso sería necesario reducir el consumo de recursos. Sin embargo, en una sociedad como la nuestra, ¿cómo convences a la gente de que puede vivir mejor con menos?

Yo creo que lo que hay que hacer es explicar que crecimiento no es necesariamente positivo, al menos no crecimiento en todo. Hay cosas que se entienden muy bien, por ejemplo, consumir más energía no significa más calidad de vida. A lo que aspiramos es a que la gente tenga una mejor calidad de vida y vivir en paz con el entorno en el que tenemos que desarrollarnos, que es la Tierra.

En ese sentido, por ejemplo, hay indicadores de crecimiento que la gente entiende muy bien que no son necesariamente positivos, por ejemplo producir más basura. El hecho de que produzcamos más basuras no significa que vivamos mejor, sino que hay un mayor consumismo. El tema de la energía, en tema en general del consumo de recursos. Podemos vivir mejor consumiendo menos agua. De hecho, por ejemplo en Madrid, el consumo de agua se consiguió reducir mucho simplemente a través de campañas de concienciación, de pequeñas medidas. No existe una correlación entre consumir más y tener calidad de vida, y no nos debemos olvidar de que el objetivo debe ser ese.

En ese sentido, nosotros abogamos por cambios incluso en los indicadores económicos, y que se cambie el Producto Interior Bruto por otros como la Felicidad Interior Bruta, que fundamentalmente lo que mide es eso, la satisfacción de las personas. Un indicador donde, por cierto, España ha pasado del puesto 22 al puesto 38 en el último año. Esto se debe precisamente a que los recortes en sanidad, en educación, son recortes que influyen en la calidad de vida y por tanto nos hacen más infelices. A lo mejor podemos estar pensando que el PIB puede estar creciendo, y sin embargo la calidad de vida puede estar bajando. Está pasando en España.

Su partido propone una reducción de la escala a nivel productivo y de consumo, es decir, la creación de sistemas de intercambio locales potentes, pero en una sociedad como la nuestra, ¿no resulta un poco utópico?

Bueno, es una parte de las alternativas que proponemos. Indudablemente, el mercado de cercanía, la producción en cercanía, es una alternativa importante. Por ejemplo, los huertos urbanos. Hay datos que no se conocen, pero durante la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte del consumo de las ciudades en el Reino Unido era procedente de huertos urbanos y del entorno. Hasta un 60% creo recordar que es el dato. Por lo tanto es una forma de generar unas redes económicas que, como decía antes, satisfacen fundamentalmente las demandas de los ciudadanos y, no, no es utópico, es simplemente complementario a los mercados globales.

¿Cómo podría llevarse a cabo?

Está ocurriendo ya, el cambio se está produciendo en gran medida desde la base, las redes de huertos urbanos, el transporte en bicicleta, los mercados de intercambio… Los mercados de intercambio y los mercados de segunda mano… pues cada vez hay más pueblos que los organizan, porque de alguna manera, es de sentido común que las personas queramos deshacernos de determinadas cosas y en vez de tirarlas se puedan vender a otros vecinos a un precio más barato. Estos mercados, por ejemplo, cada vez los realizan más pueblos, por lo tanto son cosas de sentido común.

Su partido también defiende que con el cambio de modelo energético, para 2050, se podría abastecer a los mil quinientos habitantes del planeta, sólo con el 20% de recursos e inversiones del sistema automovilístico. ¿En qué se basan para afirmar esto?

Cada vez hay más estudios que demuestran que es posible generar más y más energía de fuentes renovables. Incluso hay Gobiernos del entorno europeo, como el de Dinamarca, que plantean en sus normativas la autosuficiencia energética, es decir, que la energía provenga al cien por cien de fuentes renovables, y algunos partidos en Alemania también lo proponen ya en sus programas.

Por lo tanto, la posibilidad de un modelo energético basado al cien por cien en energías renovables ha pasado de ser meramente una propuesta académica a estar presente ya en los objetivos de los partidos, incluso de los gobiernos. Técnicamente es posible y lo que hace falta es voluntad para llevarlo adelante.

Juantxo en su despacho en la sede de Equo Foto por Andrés Stumpf

Juantxo en su despacho en la sede de Equo
Foto por Andrés Stumpf

¿Cómo podrían convivir las actuales empresas energéticas con un autoabastecimiento?

No, lógicamente el modelo energético tiene que cambiar. Por ejemplo en España, el modelo actual es un modelo de oligopolio con un grupo pequeño de empresas que tiene el control de toda la energía. El modelo renovable es mucho más disperso, con muchas más empresas, pequeñas y medianas empresas, con una mayor autonomía energética por parte de los ciudadanos…

Aquí hay dos modelos enfrentados, un modelo tradicional, oligopólico, en el cual unas cuantas empresas controlan la producción de energía y le venden al consumidor, y un modelo en el cual la línea, la diferencia entre el productor y el consumidor no es tan clara, sino que uno puede ser productor y consumidor a la vez si es autoproductor, o un pueblo, por ejemplo. En ese sentido sería otro tipo de modelo que, claro, es muy diferente, y hay una diferencia política importante entre los que defienden un modelo y los que defienden otro.

Entonces, ¿qué pasaría con todos los empleos que se perderían si se pierden esas empresas?

Lógicamente en cualquier sector en el que hay un cambio de modelo hay un cambio productivo y hay empresas que se benefician y empresas que salen perjudicadas. Eso está ocurriendo ya, ya en este momento, por ejemplo el carbón es un combustible a la baja, y por eso todos los conflictos que llevan ya años en el tema del carbón y que van a continuar, porque el carbón tenderá a desaparecer por las emisiones contaminantes que genera.

¿Qué es lo que ocurrirá? Que globalmente, en lo que se refiere a puestos de trabajo, el modelo de producción de energía renovable es mucho más intensivo en la generación de puestos de trabajo. Se generan muchos más empleos por kW producido de fuentes renovables que por kW producido de nuclear o de carbón. Entonces, globalmente, la cantidad de empleos en este sector va a ser mucho mayor si se produce el cambio. Indudablemente habrá sectores que se verán perjudicados. Habrá quienes verán que su sector se verá perjudicado, pero globalmente el número de empleos va a ser mucho mayor.

Teniendo en cuenta las actuales actuaciones del gobierno, ¿cómo va a ser posible ese cambio?

Ahora mismo no es posible, ahora estamos caminando en dirección contraria. El gobierno actual claramente apuesta por ir en contra de este cambio de modelo y apuesta por defender el oligopolio, y todas las medidas que está tomando son favorables a ese oligopolio energético. Con este Gobierno no hay esperanza de un cambio de modelo energético, al contrario, es más de lo mismo.

¿Cuál cree usted que es el principal problema del modelo energético en España?

Realmente hay demasiada confluencia de intereses entre los políticos del sistema y el oligopolio energético. De hecho una de las cosas que se ha venido denunciando es cómo hay tantos políticos de los partidos mayoritarios, del SOE y del PP, que acaban trabajando en consejos de administración de empresas energéticas. Desde los expresidentes de Aznar, González, exministros como Ángel Acebes, etcétera, etcétera. Se ha denunciado incluso ante la fiscalía anticorrupción que hay muchos políticos que terminan en las energías.

Entonces, hay una confluencia de intereses demasiado grande, hasta el punto de que no se sabe muy bien quién dicta las leyes, ¿no? La vinculación es muy importante. Por eso digo, con los miembros actuales del modelo que eso pueda cambiar. Y no hay una gran diferencia además entre los dos grandes partidos en lo que a materia energética se refiere, los dos defienden el mismo modelo energético, que es el modelo del oligopolio.

Entonces, el principal problema es que la gente no entiende cómo algo ecológico va a dar beneficios. ¿Cómo se podría convencer a la gente de que realmente ecología y economía van de la mano?

Nosotros lo estamos intentando, yo lo llevo intentando muchos años y de muchas maneras, ¿no? ¿Cómo se puede convencer a la gente? Pues la verdad, te digo, necesitaríamos un apoyo mucho mayor de los grandes medios, que no lo tenemos. La verdad es que los grandes medios, más allá del documental, tratar en profundidad estas cuestiones no creo que se haga de una manera sostenida, diaria y realmente creo que esa sería la única manera de concienciar a corto plazo.

A largo plazo, lo que estamos haciendo, trabajando con las organizaciones, con la sociedad, poco a poco, paso a paso, hasta que conseguimos ir rompiendo esos actuales muros de silencio.