Para los olvidos políticos Greenpeace crea “memoria en sobres”

Melania Monzón

Las incongruencias políticas españolas han generado respuestas medicinales. La organización internacional Greenpeace promulgaba el mes pasado una campaña para que los políticos no olvidaran esas promesas todavía incumplidas llamada “Memoria de pez”.

El 18 de marzo, lanzaba Greenpeace esta advertencia a modo de jarabes para denunciar las consecuencias que el incumplimiento de su programa tiene actualmente en el sector pesquero de nuestro país. Esta campaña está constituida por un vídeo informativo que muestra los “olvidos” políticos insertado en una página web que invita a la población a proporcionar a los políticos los medicamentos idóneos para reducir esta especie de pérdida de memoria selectiva. Se pueden encontrar medicamentos como “memoria en sobres” o también “champú estimulante” para ejercitar la memoria.

Más allá de lo cómico o humorístico que puede ser este tipo de campañas, se alberga un malestar acerca de la situación de algunos caladeros y la pérdida de empleo en dicho sector. Por esta razón, la organización ecologista plantea como uno de los puntos más importantes la concienciación de que los océanos no vuelvan a ser un tema secundario en materia política, por lo que se ha desarrollado el detallado estudio Empleo a Bordo. Plantea el impacto socioeconómico de un modelo pesquero sostenible en un 100%, en el que se proponen medidas a realizar con una visión de alcance de diez años lo que supondrá en la misma medida una creación de más de 13.000 empleos en el sector pesquero, según afirma este estudio. Al mismo tiempo, se vería una mejora general en la situación de los mares y océanos.

Algunas de las medidas propuestas son las siguientes:

  • Un aumento de la producción de cerca de 4.000 millones de euros con la creación de más de 60.100 empleos netos en el conjunto de la economía. El presupuesto para llevarlas a cabo sería de 2.725 millones de euros para el total de la década 2014-2024.
  • Se revertiría la tendencia histórica de pérdida continuada de empleo en la pesca del modelo actual con un aumento del empleo directo en el sector de un 33,66 % con respecto a 2012.
  • La pesca artesanal –con un aumento en la producción sectorial de 574  millones de euros y 20.478 nuevos empleos– es la más beneficiada si se aplica este modelo.
  • Otros sectores de la economía también se verían beneficiados aumentando su producción en unos 4.187 millones de euros y  aumentando el empleo en 46.500 personas.
  • El cambio hacia un modelo pesquero sostenible mejoraría la situación de vulnerabilidad de la pesca artesanal y de las comunidades pesqueras que viven de ellas.

Los políticos se han olvidado del sector pesquero durante años y esa nefasta gestión ha tenido graves consecuencias para el empleo y las familias que viven de la pesca y los propios peces, y ya ha llegado el momento de adoptar las medidas oportunas y paliar esta situación”, comentaba Mario Rodríguez, director de Greenpeace. Al mismo tiempo, declaraba Celia Ojeda, responsable de océanos de Greenpeace: “El Gobierno español debe cumplir con la Política Pesquera Común aprobada el año pasado en la Unión Europea y aplicar estas medidas, si quiere fomentar una sostenibilidad económica, ecológica y social en sus pesquerías”.

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Los derechos naturales que no los arrebate el hombre

Laura Sáez

Recientemente hemos publicado en este medio una noticia que hablaba de un estudio que ha descubierto que una especie de planta es capaz de abortar. Al parecer, la planta sopesa las consecuencias de la decisión y, en función del riesgo, la lleva a cabo o no. Esto es algo que me sorprendió enormemente, y que a la vez hizo que me indignara.

Mapa interactivo de worldabortionlaws.com

Mapa interactivo de worldabortionlaws.com

Una planta, un ser vivo supuestamente menos inteligente que el ser humano, es capaz de pensar, evaluar, o como queramos llamarlo, la opción de abortar sus propias semillas, mientras que a las mujeres españolas se nos priva de ese derecho. Y sé que respecto a este tema hay multitud de opiniones, pero para mí es sencillo: ¿estás en contra? No lo hagas. Pero, ¿prohibirlo? ¿Acaso vería alguien coherente que si tuviéramos un presidente vegetariano, o un ministro, este nos prohibiera comer carne? Entonces, no me cabe en la cabeza cómo hay gente que lo respalda.

Y se hacen llamar pro-vida. Personas que sin ningún escrúpulo dejan a familias en la calle, abandonadas a su suerte y condenadas a pasar hambre, se hacen llamar pro-vida. Personas que dejan a millones de personas sin acceso a la sanidad, se hacen llamar pro-vida. Personas que no sienten respeto por ninguna especie animal o vegetal del planeta que no responda a sus propios beneficios, se hacen llamar pro-vida. Y yo les pregunto, ¿pro qué vida? ¿Pro una vida llena de injusticias y calamidades? ¿Pro una vida en un planeta que están destrozando?

Ninguna mujer, sean cuales sean las causas que le han hecho quedarse embarazada, debería ser obligada a tener a ese niño. No creo que para ninguna de esas mujeres sea una decisión fácil de tomar, quizá en unas circunstancias mejores económicamente hablando, quizá en unos cuantos años, quizá con la persona indicada, ese bebé hubiera sido un regalo. Pero bueno, como es una decisión complicada, el Gobierno ya decide por todas nosotras. En el fondo, es por nuestro bien. Como todo lo que hacen.

Y ahora yo les digo: si una planta aborta sus semillas porque están infestadas con un parásito y eso supone un riesgo, ¿por qué no puede la madre de ese niño sopesar los riesgos de su vida? Los de una madre que no puede mantener al bebé. Los de un bebé que estará condenado a ser un hijo no deseado, y que incluso si es dado en adopción puede no encontrar una familia. Los de unos abuelos que podrían tener que hacerse cargo de ese bebé. ¿Cuántas vidas vamos a poner en riesgo por impedir que se aborte una célula?

Me parece que no somos tan inteligentes como pensábamos. Los religiosos son pro-vida, y así lo demuestra su historia de asesinatos y persecuciones. Los españoles “de pura cepa”, tan orgullosos de su España, son pro-vida; los mismos que disfrutan viendo cómo muere un toro. España es pro-vida, siempre que ese término sea otra gran mentira.

Los ayuntamientos a las barricadas contra la Reforma Energética

Andrés Stumpf

El conflicto generado en torno a la Reforma Energética ha trascendido la lucha entre el Gobierno y los ciudadanos para llegar hasta los poderes locales. Más de 50 ayuntamientos se han sumado ya a la #desolbediencia aprobando la moción propuesta por la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, desafiando lo impuesto por el Ministerio de Industria, y comprometiéndose a impulsar la eficiencia y el ahorro energético, así como el desarrollo de las renovables.

La moción firmada por estos ayuntamientos, repartidos por toda España, censura la precipitación en la elaboración de la nueva ley del sector eléctrico, el no haber tenido en cuenta a los agentes implicados en el proceso, y la falta de transparencia con que se ha llevado a cabo. Asimismo, se muestra crítica con los beneficios que esta reforma le reporta a UNESA, pues ha supuesto una fuerte subida del precio de la luz, 92% desde agosto, según cálculos de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios; una situación en la que las únicas beneficiadas son las grandes compañías eléctricas.

Los ayuntamientos firmantes muestran especial preocupación por esta subida de la tarifa eléctrica, pues constituye una de las partidas más importantes de su presupuesto que, por otra parte, está siendo cada vez más limitado como consecuencia de los cuantiosos recortes que el gobierno central les ha impuesto en su lucha a muerte contra el déficit público. En este sentido, la Reforma Energética permite ahora a las compañías, en caso de impago de los ayuntamientos, cortar el suministro eléctrico  incluso a servicios públicos esenciales del tipo de centros sanitarios, parques de bomberos y colegios; algo que puede resultar fatal.

Esta moción clama además contra  la subida del precio de la energía como solución al famoso déficit de tarifa, una medida que no incentiva para nada el ahorro energético, pues lo lleva a cabo incrementando el precio fijo de la tarifa, lo que no grava el consumo eléctrico. Los ayuntamientos ven de esta forma como sus ciudadanos son cargados con un nuevo coste que ahonda, aún más, en la vulnerabilidad económica de muchos de ellos agravando la situación de pobreza energética que ya alcanza al 10% de la población española y a la que algunos ayuntamientos tienen que hacer frente a través de sus servicios sociales.

La Plataforma por un Nuevo Modelo Energético hace mención también a la demonización que se hace de las renovables en la Reforma Energética a través de culpar a estas energías verdes del alto déficit de tarifa. La nueva ley establece el mantenimiento de la moratoria de construcción de nuevas plantas y la modificación a la baja de las retribuciones para las plantas ya construidas. Las renovables, advierten desde la Plataforma, son  además una fuente de riqueza para muchos ayuntamientos por su demostrada capacidad de generar empleo, desde la ingeniería y fabricación de paneles solares y aerogeneradores, hasta la instalación y el mantenimiento; con capacidad de revitalizar la actividad económica de medianas y pequeñas poblaciones.  En este sentido, además, la falta de desarrollo de energías alternativas complica la transición a una economía verde capaz de frenar el cambio climático y las externalidades que éste podría causar a España, situada entre los países más vulnerables de Europa.

Por todos estos motivos, estos ayuntamientos han decidido ir a las barricadas a luchar contra la situación actual de un sector energético que ve como cada vez cuenta con menos simpatizantes a nivel civil, pero también entre los poderes políticos más modestos.

F. Marcellesi: ¿Queremos producir de forma insostenible e injusta?

Laura Sáez y Andrés Stumpf

Florent Marcellesi es sin duda un trabajador polifacético y dedicado. Su postura y barba característica, con la que se presentó a su conferencia en la Universidad Carlos III de Madrid y a la posterior entrevista con este medio, deja entrever esa persona afable, optimista y cercana que sale a la luz cuando habla de su gran pasión, la política verde. Teórico en esta materia, es también activista, investigador, y autor de varios artículos y libros como “Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible”.

¿Qué diferencias encuentra entre las políticas verdes que se están desarrollando en Europa y las de España?

Claramente podemos decir que ahora mismo en España no hay políticas verdes porque ¿qué está haciendo el Partido Popular? Pues está cortando las ayudas a las energías renovables, está poniendo multas a la gente que hace autoconsumo (de energía)… Esto no son políticas verdes.

Pero si miramos a otros países, por ejemplo Francia o Alemania, incluso aunque no se corresponda al 100% con lo que a mí me gustaría, sí que están haciendo políticas verdes. Alemania está saliendo de la energía nuclear, en Francia están ayudando a la rehabilitación de edificios según criterios ecológicos.

Yo creo que aquí hay claramente unos países que sí están apostando, por lo menos para iniciar la transición ecológica de la economía, y otros, como España, que están yendo por el sentido contrario.

Las empresas tienden a maximizar sus beneficios. ¿De qué herramientas se dispone para fomentar el empleo verde?

Florent Marcellesi en la Universidad Carlos III (Getafe, Madrid)

Florent Marcellesi en la Universidad Carlos III (Getafe, Madrid)

Hay diferentes herramientas. Una puede ser, por ejemplo, los impuestos para decir “mira, hasta aquí tienes un tope de diferentes gastos que puedes hacer, inversiones…” Con los impuestos tú puedes orientar porque al final son como la zanahoria y el palo. Tú pones incentivos para decir a las empresas “mejor invierte en este tipo de actividades” y puedes poner el palo para decir “bueno, mira, si tú emites demasiado CO2 te voy a poner un tope porque esto no es ecológico”.

Entonces, sí que hay herramientas desde los diferentes Estados, desde la Unión Europea también, por ejemplo aquí tenéis el Banco de Inversión Europeo  que puede decir “te voy a dar un crédito si tú eres capaz de invertir dentro de la transición ecológica de la economía”. Herramientas existen y, además, ya las estamos utilizando.

¿Implica esta alternativa que se presenta un mayor intervencionismo del Estado en la economía?

Implica un papel del Estado y un papel de la Unión Europea. Por supuesto, esto es un proyecto político, es un problema de voluntad política. Incluso los neoliberales hacen política sin decirlo, porque al final lo que hacen es utilizar el Estado para decidir lo que quieren hacer ellos con el Mercado.

Entonces, ¿cómo lo podemos hacer? Pues, claramente, en vez de invertir 40.000 millones de euros para salvar a los bancos, o 30.000 millones en gastos militares, podemos utilizar este dinero en otro tipo de inversiones que son, por ejemplo, los sectores verdes: rehabilitación de edificios, agricultura ecológica, energías renovables, movilidad sostenible y gestión de residuos. Esto, otra vez, es un problema de voluntad política.

¿Cómo afecta el empleo verde a la economía, más allá de la reducción del paro?

Lo que hace principalmente es reorientar la producción de un modelo que es insostenible, que llamamos “marrón”, a otro que es sostenible y que llamamos “verde”. Es decir, que en vez de hace, por ejemplo, trigo industrial, vamos a hacer trigo que es ecológico. Básicamente afecta al tipo de modelo económico que queremos tener. ¿Queremos producir de forma ecológica, sostenible y justa, o queremos producir de forma insostenible e injusta?

Pero el reducir la producción suprimiendo la industrialización de la agricultura lleva en la mayoría de las ocasiones a un aumento de los precios, ¿puede darse el caso de que la población no pueda acceder a los alimentos por ello?

Aquí tenemos que matizarlo un poco. Sí que están subiendo los precios, por ejemplo de los productos, porque es normal, porque hay más trabajo humano y eso supone más sueldos para los trabajadores. Pero a su vez, el matiz viene de que, los otros productos, justamente lo que hacen es no tener en cuenta fundamentalmente su impacto en el medio ambiente. Te llegan, pero sin tener en cuenta esta externalización de los impactos que puedan tener.

Entonces, lo primero que hay que recordar es que, los productos que comes todos los días comprándolos en el supermercado, cuestan mucho más de lo que parece. Eso también pasa por tener leyes que permitan que el verdadero precio se pueda ver en los Mercados. Este precio no es normal, tendrían que costar mucho más en comparación con sus consecuencias en el medio ambiente y en la salud.

Por otra parte, también, es un problema de cultura, porque es verdad que si queremos comer como estamos comiendo ahora mismo, tanta carne y pescado, esto nos supone un presupuesto enorme. Pero si dices “al revés, yo voy a cambiar, mi forma de alimentarme y voy a empezar a hacerlo con productos ecológicos de temporada”, se va a reducir mucho este presupuesto, Además, como persona yo no necesito tanto. Ahora mismo tenemos una alimentación hiper proteínica.

La última cosa que puedes hacer, también, es tener un grupo de consumo, es decir, consumir comprando directamente al comprador. Haciendo esto estás eliminando al intermediario, permitiendo rebajar todo esto.

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Florent Marcellesi en la Universidad Carlos III (Getafe, Madrid)

Ha hablado durante su conferencia de que hay que eliminar los empleos que no crean valor social. Ha puesto el ejemplo de los banqueros, pero ¿cómo se sostiene una sociedad sin bancos, si las familias y las empresas necesitan créditos para invertir?

Tenemos que diferenciar entre bancos y bancos. Hay banca especulativa y banca del pueblo, que te permite invertir en actividades productivas. Por ejemplo, no es lo mismo Santander, con sus inversiones multimillonarias en armas, que una banca ética como puede ser Fiare.

Fiare invierte sólo en actividades que son buenas para la cultura, para el medio ambiente y para lo social. La banca tiene que ser, por definición, ética, y aquí no hay muchas. Fiare es el ejemplo de que se puede hacer una buena banca que invierta en economía productiva, en las personas y el medio ambiente.

Creo entender que usted confía mucho en el buen hacer de las personas. ¿Piensa que, sin los incentivos de mejora de consumo, ellos mantendrán su eficiencia en el trabajo?

Aquí tenemos que jugar con dos cosas. El cambio de mentalidad por un lado, cambio educativo, es decir, que las personas y colectivos tenemos que pensar en otra forma de vivir; pero también, efectivamente, tenemos que pensar en incentivos. Los poderes públicos pueden, y deben, poner herramientas que permitan consumir de forma más sostenible. Se trata de dos cosas a la vez: un cambio de mentalidad y un cambio de estructura.

Carolina Punset, en una entrevista reciente en nuestro medio, puso en materia el “daltonismo político” que se produce en algunos partidos verdes, que se confunden con el rojo. Puso de ejemplo que el calentamiento global no es ni de izquierdas ni de derechas. ¿Añadiría algo?

Bueno, tenemos que ver también de dónde venimos. Yo definiría la ecología política como una ideología global que va más allá de la Izquierda y de la Derecha. Sin embargo, luego, en lo concreto, con quien tenemos más afinidad son los partidos de izquierdas, porque es verdad que con ellos compartimos una cosa fundamental que es la justicia social.

Por tanto, la ecología política sí que es una ideología autónoma que no se corresponde ni con el socialismo ni con el comunismo, pero que no tiene que rechazar los puntos de otras ideologías que en casos concretos pueden defender cosas comunes.

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Laura Sáez y Andrés Stumpf

En un momento en el que el capitalismo se desmorona y cae por su propio peso, las políticas alternativas cobran una relevante fuerza entre los ciudadanos. Este momento es su oportunidad perfecta para decir “eh, lo estábamos haciendo muy mal, pero ahora podemos hacerlo muy bien”.

Y eso hizo ayer Florent Marcellesi en la Universidad Carlos III de Madrid, hablar de propuestas ecológicas a la situación de crisis actual, y en concreto de empleo verde y reparto del empleo. En una conferencia muy cercana y amena, el activista e investigador puso sobre la mesa opciones para salir de “este callejón sin salida”. La clave es que no todos los trabajos son válidos, y hay que evitar de aquellos que son insostenibles e injustos.

Pero, ¿cuáles son esos empleos válidos? Aquellos que son verdes y que general un valor ecológico o social. Para saber esto, necesitamos calcular la tasa de retorno social, es decir, por cada euro que invertimos en una persona, ¿cuántos euros recupera la sociedad a nivel ecológico y social? Y, así, por ejemplo, los banqueros (generalmente hombres), por cada euro no crean valor, sino que destruyen entre veinte y cincuenta euros, mientras que las personas que limpian en el hospital (generalmente mujeres), crean entre cinco y diez euros.

Por ello debemos plantearnos cuáles son los buenos empleos para la sociedad y cuáles no. Sin embargo, rechazar las industrias marrones (como lo son, por ejemplo, la automovilística o el turismo masivo) no es suficiente, y se hace necesario repartir el trabajo.

De este modo se protegería el planeta, se conseguiría mayor justicia social y se podría tener prosperidad sin crecimiento. Este último punto ha generado gran controversia en el turno de preguntas y, de nuevo, la solución la hayamos en el reparto, esta vez de los recursos. Y otra vez nos metemos en un tema escabroso, porque para que esto sea posible necesitamos cambiar la mentalidad de la sociedad y desprendernos de nuestro apego a los bienes materiales.

Otra cuestión que ha despertado cierta controversia es la reducción de la jornada laboral. Aunque esto tiene lecturas claramente positivas, como que al tener más tiempo podemos llevar un modo de vida más sostenible, a la gente en general le preocupa que si su jornada se ve reducida a la mitad, su sueldo se vea reducido a la mitad. La solución a este problema es subir los salarios más bajos (renta básica de la ciudadanía) y bajar los más elevados (renta máxima). Así, las diferencias entre un sueldo y otro serían aceptables, llegando a una sociedad más justa y sostenible.

Sin embargo, el principal problema es la falta de voluntad política. Por ello, es necesaria la democracia, para repensar todas nuestras necesidades. Gracias a esa reducción de la jornada laboral y, por ende, aumento del tiempo disponible, los ciudadanos pueden informarse bien y ejercer su capacidad de decisión más allá de votar una vez cada cuatro años.

Sumando todos estos factores, seremos capaces de tener prosperidad sin crecimiento, y así podremos vivir bien de manera sostenible.